El jueves por la noche, la Casa Blanca de Donald Trump sabía que iba a poner las cosas difíciles en el mundo al autorizar el lanzamiento de 59 misiles Tomahawk a la base aérea siria de Shayrat, en la provincia de Homs. El ataque, de acuerdo al comunicado del Departamento de Defensa, fue para disuadir al gobierno de Bashar Al- Assad de volver a realizar ataques químicos contra la población. Este episodio marca una nueva fase de la guerra civil que lleva 6 años desarrollando en ese país del Medio Oriente.

A lo largo del fin de semana, las tensiones en el mundo incrementaron, hasta el punto en el que Rusia y Estados Unidos -como un triste recordatorio de la Guerra Fría- volvieron a realizar amenazas abiertas el uno contra el otro.

Aliado del régimen de Al Assad, el Kremlin de Putin encabeza una alianza con el gobierno de Irán. A través del periódico gubernamental sirio, Tishrín, se dio a conocer que la Sala de Operaciones Conjunta de ambos países “dieron aviso” que responderían a “cualquier agresión”.

«Estamos preparados para responder a cualquier agresión o transgresión de las líneas rojas por parte de cualquiera, Estados Unidos conoce bien nuestras capacidades de respuesta”, advierte el comunicado.

La postura del gobierno de Vladimir Putin viene a incrementar las tensiones que en los últimos años se han generado entre Washington y Moscú, generadas principalmente por la anexión rusa del territorio de Crimea, Ucrania, y por la misma enemistad en Siria, pues Estados Unidos apoya a los rebeldes que quieren derrocar a Al-Assad.

Por otro lado, varios países han mostrado su apoyo a los ataques conducidos por Estados Unidos. Principalmente, Gran Bretaña e Italia. De acuerdo a la agencia Reuters, se espera que este lunes, durante la reunión de Ministros de Exteriores del G7, Roma expida un comunicado pidiendo una intervención completa por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para terminar con los 6 años de conflicto.

La mayoría de los miembros de la Comunidad Europea esperan que Donald Trump continúe con sus intenciones de intervenir en Siria. La retórica del presidente -hasta el jueves- había sido de oposición al intervencionismo estadunidense. No obstante, el ataque autorizado la semana pasada parece indicar un cambio radical en la política de la Casa Blanca.

Rex Tillerson, secretario de Estado de Estados Unidos, señaló que el ataque del jueves es un mensaje “que demuestra que el presidente Trump está dispuesto a actuar contra gobiernos y otros actores que crucen la línea de violación a compromisos que han hechos”, lo que deja ver una intención -al menos del Departamento de Estado- de seguir impulsando la salida de Assad del poder. No obstante, reiteró que el propósito número uno es terminar con el ya decadente Estado Islámico.

Las decisiones que se tomen en la Sala Oval durante los próximos días son claves para determinar el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados por un lado; y Rusia e Irán por el otro. Asimismo, los próximos acontecimientos en Siria -las decisiones de Al Assad- serán esenciales para determinar el futuro de las relaciones en el mundo.

COREA DEL NORTE, EL OTRO POLO DE LOS CONFLICTOS

El Carl Vinson se dirige hacia Corea del Norte. Foto: Reuters. 

No sólo es en el Medio Oriente donde las tensiones están incrementando peligrosamente, sino en la península de Corea. El pasado sábado, el Pentágono reveló que se estaban movilizando el buque de guerra «Carl Vinson» y su grupo de ataque a las cercanías de Corea del Norte. Esto, en el marco de las tensiones que han venido incrementando con Pyongyang tras las pruebas de misiles balísticos que se han realizado bajo el régimen de Kim Jong Un.

El Comando del Pacífico de Estados Unidos (USPACOM) describió el despliegue de la agrupación -que ahora se dirige hacia el occidente del Pacífico- como «una medida prudente para mantenerse preparado en la región».

A Estados Unidos le preocupa que Corea del Norte decida atacar a su mayor aliado en Asia Oriental, Corea del Sur, así como el desarrollo del programa de armas nucleares. Se presume que dentro de cuatro o cinco años, la dinastía Kim habrá logrado construir misiles nucleares capaces de impactar en territorio estadounidense. Esto y lo impredecible del líder norcoreano hacen que sea una prioridad para el Pentágono mitigar las amenazas.

Desde que Kim Jong Un lanzó un misil que impactó en territorio marítimo japonés -justo cuando el primer ministro nipón se encontraba de visita en Washington-, las tensiones entre Corea del Norte y Estados Unidos (junto con Japón y Corea del Sur) han incrementado más allá de la diplomacia. En el Consejo de Seguridad de la ONU, China (aliado norcoreano) intentó mediar un acuerdo para que crearan las hostilidades. Los implicados respondieron negativamente. Poco después, la televisión de Pyongyang emitió un spot en donde se difundía que EEUU y Corea del Sur estaban “invadiendo” su territorio a través de prácticas militares que realizan año con año.

El General Henry R. McMaster, principal asesor de seguridad nacional de Trump, advirtió que Corea del Norte ha estado involucrado en un patrón de “comportamiento provocativo” durante los últimos meses. “Este es un régimen rojo que ahora tiene capacidades nucleares. El presidente ha pedido que se le entreguen varias opciones de acción para eliminar la amenaza a la población americana y nuestros aliados”, dijo en entrevista con Fox News.

Uno de los grandes -gigantescos- factores al considerar la situación con Corea del Norte es China. El régimen de Xi Jinping ha intentado ser el mediador entre el conflicto estadunidense-norcoreano, sin que haya tenido resultados favorables. Incluso, cuando Tillerson estaba a punto de reunirse con Jinping, Corea del Norte lanzó otro misil, mostrando desaprobación en cuanto a la reunión.

No obstante, varios analistas consideran que en caso de que Estados Unidos opte por una acción militar a Corea del Norte, China se vería obligada a responder a favor de Pyongyang, pues no es del interés de China que Estados Unidos incremente su presencia en lo que siempre ha sido zona de influencia china. Pese a esto, Tillerson aseguró este domingo en entrevista con CBS, que “incluso China entiende que hay que cambiar las cosas en Corea del Norte”.

Rex Tillerson, secretario de Estado de Estados Unidos. 

Curiosamente, el Kremlin de Putin se ha mantenido silencioso en lo que se refiere a Corea del Norte. Aunque evidentemente se opondría a una intervención del Pentágono en Pyongyang, está claro que su “batalla” está en Damasco.

Los próximos días, entonces, se vuelven cruciales para el futuro de las relaciones internacionales. Las amenazas, respuestas, y movimientos militares se han convertido (al menos por esta semana) en el lenguaje principal de las interacciones entre países, más allá del diálogo diplomático que parece no surtir efecto.

Con información de BBC Mundo, CNN, RT, POLITICO, Fox News y CBS.
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