Crisis en Río 2016. A solo cuatro meses de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río, solo la mitad de las entradas para las diferentes competencias están vendidas, una muestra de la crisis económica y el descontento social la población brasileña contra el gobierno regente. 

El nuevo ministro brasileño de Deportes, Ricardo Leyser, está buscando la manera de aumentar la venta de las entradas para frenar esta crisis. 

Leyser declaró al diario brasileño Folha que el gobierno de su país podría comprar boletos que serán distribuidos a las escuelas públicas y que los funcionarios públicos deben de trabajar para aumentar la confianza de que Río de Janeiro es capaz de ser la sede de los Juegos Olímpicos, además de garantizar la seguridad de los viajeros. 

El país se encuentra envuelto en tensiones políticas debido a los recientes escándalos de corrupción que rodean al gobierno de la presidenta Dilma Rousseff.

Además de los escándalos en el gobierno, la economía del país sudamericano esta colapsado, sufriendo así la peor resección económica en 25 años.

Por si fuera poco, también se tienen muchas dudas acerca de las instalaciones olímpicas, las cuales aun se encuentran en construcción debido a los problemas de financiación a los que se enfrentan los constructores, ya que el presupuesto se redujo en 500 millones de dólares en enero. 

Otro de los problemas es el virus del Zika y la criminalidad de Brasil, ambas problemáticas son causas de la poca asistencia de turistas extranjeros a los Juegos olímpicos. El primero, ha sido punto de preocupación para atletas y expertos de salud, en donde varios han expresado su inconformidad con las medidas de salubridad en el país y proponen aplazar los Juegos olímpicos. 

En materia de seguridad, las altas tasas de inseguridad que presenta Río de Janeiro es un repelente de turistas. Brasil planea usar el doble de los agentes de seguridad que se utilizaron en los Juegos de Londres en 2012.