Enrique Olvera es uno de los chefs más reconocidos del país, duelo del restaurante Pujol, ubicado en la capital del país, premiado como el más sustentable de América Latina, fue acusado por practicantes de chef que buscan un empleo en ese lugar de explotación y acoso laboral y psicológico.

La denuncia comenzó el pasado 28 de mayo, cuando Ximena “A” compartió su historia en Facebook con un titular: “Perdí la oportunidad de trabajar en Pujol”. Según la licenciada en Gastronomía por la Universidad del Claustro de Sor Juana, como se presenta en su perfil, dio a conocer su experiencia al hacer la prueba para obtener un empleo en ese sitio.

Ximena recibió el jueves 20 de mayo una llamada del restaurante Pujol, donde le dijeron que les interesó su currículum: “Si te interesa, necesitamos hacerte una entrevista, que respondas un examen psicométrico y que vengas a 5 días de prueba”

“Claro que me interesó, claro que casi se me sale el corazón y claro que no podía creer que estaría en la cocina del restaurante que ocupa el puesto número 12 en la lista de los 50 Best Restaurants. Pasaron 4 días en los que gran parte de mis pensamientos se enfocaban en ese lunes 24 a las 12:00pm en el que empezaría mi prueba en Pujol y el que probablemente era el primer día del final de aquella crisis”, contó.




“Finalmente, la chef llegó, se presentó, nos hizo un par de preguntas a cada uno, nos advirtió (con gusto y cierta burla en su expresión facial) que nadie aguantaba y que ahí era dedicar toda tu vida a Pujol (de 11:00am a 3:00-5:00am) y que si teníamos hijos, pareja o negocio (mientras decía lo tercero, clavó su mirada en mí) nos fuéramos olvidando de ellos”, resaltó.

Una ve adentro de la cocina, les enseñaron la ubicación de cámaras de refrigeración, almacén, cocinas, baños, y cuarto para guardar cosas. A cada se le asigno con un chef.




“Y… ¡empezamos! A mí me tocó en la parte del ceviche (hay uno o dos chefs para montar cada platillo del menú degustación), mis tareas fueron: montar el ceviche, rellenar cambros, correr como pendeja cada media hora empujando al resto de los que hacían prueba para que dos de nosotros ganáramos la escoba o el trapeador y los demás nos vieran competir por eso y no nos regañaran por no haber llegado; limpiar, limpiar la ventana y limpiar”, menciona el testimonio de la joven.

El servicio terminó a las 10:00 pm, y ella creyó, como le ha sucedido en otros restaurantes en los que ha trabajado, que saldría a las 10:30-11:00 pm después de limpiar su área de trabajo, pero dieron las 11, 12, 1, 2 de la madrugada hasta que después de limpiar el servicio “unas 10 veces más” y que otros prepararan cosas para un evento privado del chef Olvera y él hiciera “el briefing, palabra mamona para referirse a un tipo de junta, salí de Pujol”, explicó.

Los chefs les explicaron que quienes estaban a prueba compartieran su experiencia y les recalcaron que nadie aguanta las 16 horas de trabajo, seis días a las semanas por la paga de 14 mil pesos, cuando el restaurante hace un aproximado de 10 millones de pesos mensuales y tenía que estar “dispuestos” a dejarlo todo por Pujol.




Al día siguiente, comentó, se cuestionó en el camino al restaurante: “¿cómo me regresaría a las 3am, cuánto tendría que pagar de uber y/o parquímetro en futuros días? (aunque sé que lo haría por mí, Brenda –su pareja– no podía llevarme y recogerme diario y a esas horas), ¿realmente quería esto todos los días?, ¿iba a entregar 96 horas de mis semanas por $14,000 y 5 letras que forman un nombre cotizado en mi CV? Finalmente llegamos a las 11:00 am (hora de entrada), hice una llamada a mi hermana Isa, platiqué con Brenda, me solté a llorar y decidí que no estaba dispuesta a dejarlo todo por el número 12 de los 50 Best…”, afirmó.

A 4 días de su experiencia, Ximena reflexionó sobre si había perdido la oportunidad de trabajar en Pujol o había ganado la oportunidad de valorar su vida familiar, social y su salud.

La reflexión de la joven continua: “¿Algún día se dejarán de normalizar este tipo de abusos en la industria restaurantera? Por cierto: nunca hubo una real hora de comida (irónico al ser un restaurante que alimenta a otros por 3 mil pesos”, agregó.

Luego de que su publicación se hizo viral, practicantes comenzaron a compartir sus experiencias relacionadas a lo mencionado por la joven: “Yo entré a Pujol como practicante, pero después de ver el trato inhumano me fui”, dijo uno.

Entre los comentarios se destacan el ambiente “tóxico y abusivo” lo que hace imposible trabajar ahí y por eso la gente se va a los pocos días. Y así fue como las denuncias continuaron, en la cuenta de TerrorRestaurantesMX de Twitter que acusaron de racismo, clasismo y abuso psicológico en las cocinas de Pujol.




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