A tan solo un año de que iniciara la revuelta por la Independencia de México, en Querétaro ya se percibían las primeras transformaciones pues pasó de ser un epicentro de la insurgencia a trinchera realista.

A pesar de que nuestra entidad fue el principal centro de la conspiración, se vio forzada a permanecer en paz a partir de la denuncia y prisión de los principales conjurados, pues el gobierno virreinal trasladó de inmediato tropas a esta ciudad.

Una investigación publicada por  Norman Alburquerque en  la Revista del Archivo Municipal No. 13 Año 7 Diciembre 2010, explica que el 18 de septiembre de 1811 llegaron noticias de la entrada de insurgentes a Celaya por lo que la ciudada hospedó a las autoridades realistas y muchos españoles civiles huían de las poblaciones que caían en manos de los insurgentes.

La élite queretana entró en pánico y para evitar que los insurgentes se infiltraran en la ciudad, las autoridades detuvieron y encarcelaron a todos aquel que resultara sospechoso. Llegó a haber tantos detenidos que al no darse abasto, decidieron usar los conventos y obrajes para detener a más personas.

Aunque el mismo clero estaba dividido, los sacerdotes del convento de la Santa Cruz eran decididamente realistas y por  eso salieron el 20 de septiembre a predicar contra la insurrección y lograron conmover a la población, lo que les permitió que más de la mitad de la población hiciera causa común con España.