Es muy posible que en los últimos días, la imagen de Kim Jong-Un y su disciplinado ejército hayan inundado sus redes sociales, lo que viene a complementar toda clase de noticias, comentarios y hasta “memes” en los que se habla de una posible guerra entre Estados Unidos y Corea del Norte, y -los más fatalistas- hasta de una tercera guerra mundial.

Pero, ¿qué está pasando? Es un hecho que las hostilidades están creciendo entre ambos países, especialmente a raíz de que Donald Trump tomó posesión como presidente de la nación con el Ejército más poderoso del mundo.

Aquí les explicamos un poco del origen, las razones y los últimos acontecimientos de la turbulenta relación entre Estados Unidos y Corea del Norte, que tal vez nunca ha estado más cerca de desembocar en un conflicto directo.

1) El Origen

La enemistad entre Estados Unidos y Corea del Norte es histórica. Después de la Segunda Guerra Mundial (1945), en la península de Corea (que comprende los territorios de Corea del Sur y Corea del Norte) sucedió algo similar a lo que pasó en Alemania. Era territorio japonés durante la guerra, así que al ser vencido el imperio nipón, los aliados incómodos (Estados Unidos y la URSS) se la repartieron. Un par de años después, en 1948, dejaron de ser territorios de las potencias y se crearon dos gobiernos distintos. Cada uno de ellos reclamaba como propia la totalidad de la península, lo que los llevaría a la Guerra de Corea, en 1950.

Esta guerra -en la que la URSS apoyaba a Corea del Norte y Estados Unidos a Corea del Sur- fue uno de los enfrentamientos ‘proxy’ (de prueba) más importantes de la Guerra Fría. Sin un vencedor claro, se firmó un armisticio en 1953, poniéndole fin a las hostilidades (¡ojo! la guerra entre ambas naciones nunca terminó de manera oficial).

Conociendo siempre la amenaza que representaba su vecino gobernado por la dinastía de los Kim, Corea del Sur ha mantenido a Estados Unidos como su aliado cercano por medio no sólo del comercio, sino de permitirle tener tropas y armamento en su territorio.

2) Las tensiones actuales y el papel de China

La teoría realista de las Relaciones Internacionales tiene como base que el principal objetivo de un país es garantizar su supervivencia. Esta parece ser la guía básica de las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, pues cada uno detecta en el otro una amenaza. Estados Unidos, por un lado, ve con pésimos ojos que desde 2006, Pyongyang esté desarrollando un amplio programa nuclear, sin importarle el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares del cuál es signatorio (aunque no es como que Estados Unidos lo esté siguiendo al pie de la letra).

No obstante, hasta el 2012, las tensiones no eran más que intermitentes. A partir de ese año, cuando Kim Jong Un llegó al poder tras la muerte de su padre, Kim Jong Il, las pruebas de misiles fueron más y más seguidas, y las amenazas más y más directas. Esto llevó a Estados Unidos y Corea del Sur a desplegar más armamento y más fuerzas militares hacia las cercanías de Corea del Norte, con la intención de “mitigar” la amenaza e incrementar la capacidad y velocidad de respuesta en caso de un ataque por parte de Pyongyang a su vecino.

Corea del Norte es un país aislado: Tiene muy pocos amigos y hasta hace poco, no muchos ojos del mundo lo volteaban a ver. No obstante, su aliado más grande es uno de los países más importantes del mundo: La poderosa China. Este país, el gran dragón de Asia, es un amigo estadounidense en términos económicos, pero un enemigo en términos militares. A China le preocupa que un eventual conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte termine en más presencia de fuerzas de Washington en Asia, su zona de influencia por excelencia. Para China, el hecho de que Corea del Sur y Japón sean amigos de la Casa Blanca ya es suficiente.

Pero China no quiere un conflicto. La política exterior del actual presidente, Xi Jinping, es más que nada económica: Busca posicionar a China como la nueva potencia económica después del proteccionismo que Trump ha impulsado en Estados Unidos. No obstante, no se quedaría con los brazos cruzados en caso de que Estados Unidos atacara sin precio aviso, como lo hizo en Siria la semana pasada.

China, entonces, está en una posición incómoda. Por un lado, puede ser el “árbitro” que evite un conflicto por medio de una diplomacia efectiva -que hasta ahora no ha dado frutos. Por el otro, puede enfrentarse al gigante de Estados Unidos en caso de que este determine atacar Corea del Norte. Una tercera opción -que parece ser la apuesta de la administración de Trump- es que China presione a Corea del Norte para que frene el programa nuclear, lo que evitaría el conflicto. El gobierno de Xi Jinping haría esto por medio de un bloqueo de productos y cargamentos hacia Pyongyang.

3) Los últimos meses

Las tensiones entre Estados Unidos y Corea del Norte han escalado exponencialmente desde que Trump se hizo presidente de Estados Unidos. es posible que Kim Jong Un viera en Trump a un rival que podría derrocarlo por medio de infiltraciones a su gobierno o comenzando una revolución como en el Medio Oriente (y en América latina, en tiempos de la Guerra Fría).

Sin embargo, la personalidad de Kim Jong Un parece ser irracional: Quiere disuadir a Estados Unidos con la fuerza como su aliado. Por medio de más y más pruebas de misiles y amenazas en la Televisión Pública, quiere hacerle creer al país con el Ejército más grande del mundo, que podrían derrotarlos.

El 7 de marzo de 2017, Corea del Norte lanzó cuatro misiles, tres de los cuáles cayeron en el Mar de Japón. Esto, mientras Trump y el primer ministro nipón, Shinzo Abe, sostenían una reunión en la Casa Blanca. Esto desató una crisis diplomática entre los involucrados: Estados Unidos, Japón, China y Corea del Sur. Al día siguiente, el ejército estadounidense ya movía drones y misiles antibalísticos a las cercanías de la península.

Esa semana, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, China intentó ser un intermediario: propuso que Corea del Sur y Estados Unidos cesaran sus movimientos de armamento a cambio de que Corea del Norte pausara el desarrollo de su programa nuclear. Ninguno de los bandos estuvo de acuerdo, por lo que las tensiones incrementaron.

A lo largo del siguiente mes, las amenazas de Corea del Norte fueron muchas: Desde “filtraciones” a la prensa en donde se hablaba de las amenazas de Kim Jong Un a Estados Unidos, hasta anuncios de TV en donde la agencia estatal de noticias, KCNA, pintaba a Estados Unidos como el “enemigo a derrotar”.

El 4 de abril, unos días antes de la esperada -y tensa- reunión entre Trump y el presidente Chino, Xi Jinping, Corea del Norte realizó otra prueba de misiles y -una vez más- el ataque cayó en aguas japonesas. Ese día, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó un escalofriante y corto mensaje:

“Una vez más, Corea del Norte lanzó un misil balístico de rango intermedio. Estados Unidos ha hablado lo suficiente acerca de Corea del norte. No tenemos más comentarios”. En ese momento, Rex Tillerson, el secretario de Estado de Estados Unidos, acababa de visitar Corea del Sur.

El 8 de abril, apenas un día después de que Trump ordenara el ataque a la base aérea siria de Shayfat -que muchos analistas tomaron también como un mensaje a Corea del Norte- se comenzó a desplazar el portaaviones Carl Vinson a la península Coreana, junto con un importante grupo de ataque. Fuentes del periódico británico The Guardian señalaron que al convoy marítimo se unirían también naves japoneses dispuestas a defender a Corea del Sur en caso de un ataque a Corea del Norte.

Preocupados por la reacción de China a este movimiento, la prensa preguntó Rex Tillerson, sobre cómo China podría responder ante este movimiento, a lo que el funcionario de Trump contestó que “hasta China sabe que Corea del Norte debe ser detenido”. 

La portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino afirmó, por su parte, que China reprobaba cualquier violación a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que llamaba a las partes involucradas a “abstenerse” de incrementar las tensiones.

Los últimos días, ha correspondido a Pyongyang mostrar su fuerza: Kim Jong Un permitió el acceso de la prensa extranjera a la inauguración de una nueva calle -misma que tuvo un toque militar- y permitieron la transmisión en vivo del desfile militar con motivo de los 100 años del nacimiento del fundador de norcorea, Kim Il Sung. Como parte del desfile, se encontraban misiles de alto alcance que un día podrían alcanzar a la América Continental, que es lo que Estados Unidos teme que pueda llegar a obtener con su programa nuclear.

Durante estos dos eventos, el discurso de Kim Jong Un ha sido marcado con un toque bélico, amenazando con lanzar misiles a los aliados de Estados Unidos en caso de ser agredidos.

Lo de última hora: Este 15 de abril, en el marco de las celebraciones de los 100 años de su fundador, Corea del Norte realizó una prueba con un misil balístico que falló, de acuerdo a militares surcoreanos. Esta información fue confirmada por las fuerzas de Estados Unidos en Surcorea (vía BBC).

4) Entonces, ¿mucho depende de China?

China es, sin duda, uno de los jugadores de quien más depende que no estalle un conflicto. No obstante, para hacerlo, tal vez sea necesario que le de la espalda a Pyongyang, su aliado y fiel cliente. Sería difícil que Kim Jong Un se anime a realizar un ataque a menos de que tenga la certeza de que, cuando Estados Unidos responda, China estará ahí para apoyarlo.

No obstante, que China haga eso, implicaría que está permitiendo realizar movimientos militares en la zona a Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, lo que aumenta la presencia de la armada estadunidense en su territorio de influencia.

Asimismo, Estados Unidos y Corea del Sur no harían un ataque directo si supieran que eso iniciaría un conflicto directo también con China, que tiene al tercer ejército más poderoso del mundo.

Hasta ahora, las soluciones diplomáticas que ha propuesto no han tenido éxito. Aunque los oficiales estadounidenses aseguran que China está de acuerdo en “hacer algo” para detener a Corea del Norte, aún no hay una respuesta clara por parte de Beijing.

La posición oficial de China es de frustración a causa de las tensiones.

“Estados Unidos, Corea del Norte y del Sur (…) han desenfundado sus espadas y tensado sus arcos. Hay nubes de tormenta (…) si dejan que la guerra se desate en la península, deberán tomar en cuenta que la culpabilidad histórica y pagar el precio correspondiente por esto”, señaló el ministro chino de relaciones exteriores, Wang Yi. 

Las tensiones siguen incrementando a medida que más y más armamento estadunidense llega a la península norcoreana. Esto, a la par que Corea del Norte incrementa su arsenal balístico e intenta seguir desarrollando su programa nuclear.

Es necesario recalcar que toda esta historia tiene un toque de “Guerra Fría”, y es que la Destrucción Mutua Asegurada (MAD), que en su momento mantuvo a Estados Unidos y la URSS de enfrentarse en una guerra nuclear, sigue vigente. Aunque Pyongyang no cuenta con una bomba capaz de atacar la parte continental de Estados Unidos, sí que cuenta con la capacidad de destruir Corea del Sur, que es justamente lo que Estados Unidos busca evitar.

Este caso, lamentablemente, es una muestra más de cómo la diplomacia puede fracasar, y de cómo los principios bélicos que han marcado las relaciones internacionales desde sus inicios, siguen vigentes a pesar de tanto organismo internacional que, en estos casos, no es más que una voz incómoda.

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