Se vivían los últimos años de los 1800. Recientemente se habían registrado constantes defunciones por «ahogamiento» en las aguas del Río Querétaro, específicamente en una represa que se encontraba en el tramo de «La Cañada» a «Hércules», está represa fue construida varios años atrás como parte de la infraestructura hidráulica para mover turbinas de la planta textil del «Hércules», represa que en conjunto con la de San Isidro almacenaban un gran volumen de agua para que se pudiera completar el sistema de bordería y almacenamiento hídrico de la Ciudad de Querétaro.

En esta presa era regular que durante todo el año familias de la Capital del Estado, así como lugareños, acudieran a pasar días de campo en las huertas de «La Cañada» y Hércules, en medio de estos lugares encontrabas frondosos árboles frutales, principalmente membrillos, tejocotes, duraznos, chabacanos y las famosas «ciruelillas», con estas frutos se lograba la elaboración de sabrosos dulces y mermeladas, o «pegadores» vinos con infusión de frutas, con alcohol de 96 grados, con un añejamiento prolongado.

En los días cálidos principalmente, muchos de los que asistían a dicha represa se refrescaban y se divertían en las pozas, las cuales eran formaciones naturales que, entre los frondosos árboles, servían para darse un «chapuzón», pescar con improvisadas cañas que eran hechas con el abundante carrizo, un anzuelo comprado con un centavo en la tlapalería y se intentará pescar un bagre, una carpa, una rana o capturar alguna tortuga, para después platicar la fantástica aventura durante toda la semana.

Poco a poco, la frecuencia con que se vieron diferentes hechos en que tanto jóvenes como adultos empezaron a llenar la lista de ahogados, hicieron que los rumores empezarán a rondar en la población de la capital queretana, se empezó a observar que la mayoría perdía la vida al ser tragados por las aguas del Río Querétaro, todos los casos tenían una extraña semejanza: todos tenían una mirada de terror, una rigidez en las manos con los dedos crispados en una actitud de defensa, como si en los últimos segundos de sus vidas, trataran de defenderse de «algo».

Varios testigos describían haber visto, un ser extraño, que con grandes y deformes ojos, los cuales eran comparados con los de un «toro enojado», de un color rojo oscuro, teniendo una cabeza voluminosa, con largo pelo, orejas puntiagudas como coyote y de la cual no podían decir con exactitud mayor cosa, dadas sus fugaces apariciones y al hundirse en las aguas, decían que parecía que se confundiera con las personas como si formará parte de ellas.

Está descripción la compartían otros testigos que decían que al emerger este extraño ser se formaba de las mismas aguas, para desaparecer ante las miradas de la misma manera, cuando la gente trataba de localizarlo, incluso con los rayos del sol en su apogeo y auxiliados de varas o carrizos para explorar las aguas, nunca pudieron localizarlo.

Alguien comentó que era «el chan del agua», que como espíritu del río, en ciertas circunstancias al sentirse perturbado «jalaba» a todo aquel que invadía su territorio, molestándolo al agitar las aguas y obligándolo a defenderse de los intrusos. Otros lo llamaban «un demonio» que, corrido del infierno, se refugió en el agua y para enviar almas al infierno se refugiaba en ríos y lagunas, teniendo que cumplir con una cuota de almas para que le permitieran regresa al averno.

No se tiene una cifra exacta de las personas que perdieron la vida en los bordos o presas, pero la mayoría ocurrió ente los límites de Hércules y «La Cañada», esto empezó a aterrar tanto a la gente que acostumbraba a ir a estos lugares que se retiraban con espanto, convencidos de que en esta presa habitaba el mismísimo diablo, con esto dio inició la leyenda que hasta el día de hoy se conoce como «La Presa del Diablo».

Poco a poco las muertes dejaron de ser tan frecuentes, algunos olvidaron pronto y muchos más decían que el demonio había alcanzado su cuota de almas, así que el diablo regresó al infierno.

Leyenda obtenida de «Anécdotas y leyendas queretanas» de Jaime Zúñiga Burgos.

Foto por redinfo7