El universo se encuentra en constante expansión y en su interior se encuentran millones de galaxias, cada una con millones de estrellas y sistemas solares, y la humanidad entonces se convierte en algo mucho más pequeño que un grano de arena en el mar, pero si existen tantos planetas habitables y galaxias, ¿cómo es que no hemos contactado con ninguna otra civilización inteligente?

El llamado ‘principio de Fermi’ es una paradoja porque nos dice que en el universo existen numerosas civilizaciones avanzadas tecnológicamente al igual que nosotros, pero como no somos capaces de detectarlas, nuestro conocimiento no es tan avanzado como creemos. Es decir, tenemos la capacidad para sospechar que existen otras civilizaciones, pero no tenemos los medios para comprobarlo.

En conjunto con lo anterior se encuentra la teoría del Gran Filtro, la cual puede ser más oscura y siniestra de lo que suena, pues de ser cierta, la humanidad está más cerca que nunca de la extinción, o de extinguir al resto de la vida inteligente.

Esta teoría fue formulada por el economista Robin Hanson en 1996 y nos indica que para que se forme la vida en el universo primero deben ocurrir eventos históricos importantes:

  • Formación de un sistema estelar adecuado con planetas potencialmente habitables.
  • Existencia de moléculas aptas para iniciar la vida como el ARN.
  • Nacimiento de vida unicelular (procariotas)
  • Evolución de vida unicelular compleja (eucariotas)
  • Reproducción sexual
  • Vida pluricelular
  • Aparición de animales con cerebros grandes usando herramientas
  • Dominio del planeta por parte de una civilización
  • Primeros intentos de exploración a otros planetas (Donde nos encontramos ahora)
  • Explosión de colonización

Cada uno de estos eventos es un filtro que puede impulsar o parar en seco el crecimiento de una civilización, pues si una forma de vida falla en alguno de ellos, jamás podrá pasar al siguiente.

Que hasta el momento no hayamos encontrado pruebas de vida inteligente en el universo puede deberse a que, tal vez, somos la primera o una de las pocas especies que han logrado pasar un filtro en el que normalmente el resto de las civilizaciones perecen. De ser así, el universo es nuestro y posiblemente nunca encontremos vida inteligente.

Si por otro lado encontramos vida inteligente, esto significará que lo que hemos logrado es mucho más habitual de lo que parece, y aunque esto pueda sonar bien, en realidad es algo más siniestro y fatalista, pues significará que el ‘Gran Filtro’ está más adelante en nuestra evolución y la humanidad habrá dado un paso más cerca de su extinción.

Pero antes de que conozcamos vida inteligente o iniciemos la exploración espacial existen otros filtros que la humanidad deberá sobrepasar, como por ejemplo, encontrar una forma de generar energía y alimento sin agotar los recursos de nuestro planeta, lograr un balance para luchar contra la sobrepoblación o evitar que las guerras acaben con la vida en el planeta.

En el sentido energético llega otro gran problema que, a la vez, es una nueva oportunidad. La llamada Escala de Kardashov es un método bien conocido y aceptado para medir el grado de evolución tecnológica de una civilización, esta escala clasifica a las civilizaciones en tres niveles tecnológicos:

  • Tipo I: La civilización aprovecha completamente los recursos de su planeta de origen.
  • Tipo II: La civilización aprovecha completamente los recursos de su sistema solar.
  • Tipo III: La civilización aprovecha completamente los recursos de su galaxia.

Para hacerse a una idea de lo que esto significa para nosotros, en el año 2017 la humanidad estaba clasificada como una civilización con un valor de 0.73 en esta escala, y los cálculos sugieren que podremos alcanzar el Tipo I en los próximos 100-200 años. La previsión más optimista dice que seremos Tipo II en unos cuantos miles de años y Tipo III en cerca de un millón de años.

¿Qué tiene esto que ver con encontrar vida inteligente? Los expertos creen que solamente una civilización de Tipo II o III puede realizar la colonización espacial y poder así encontrar a otras formas de vida. El problema con esto es que una civilización de cualquiera de estos dos tipos sería muy superior tecnológicamente a cualquier otra, y en caso de que contacten con nosotros, no tendrían misericordia y simplemente aprovecharían los recursos de nuestra galaxia.

El mismo problema ocurre si la humanidad llega a convertirse en una civilización de Tipo II o III, pues al intentar expandirse podría encontrar a civilizaciones tecnológicamente inferiores y subyugarlos incluso si no es de manera intencional. Tomemos por ejemplo la construcción de una casa, supongamos que cuando se excava para colocar los cimientos los trabajadores encuentran un hormiguero, y sin darle mucho pensamiento lo destruyen para seguir trabajando. Lo mismo podría ocurrir con la humanidad, y por lo menos durante unos cuantos miles de años permanecerá la duda de si seremos los trabajadores que construyen un futuro brillante o las hormigas que son aplastadas sin piedad.