La tarde de este martes, la Casa Blanca de Donald Trump dio a conocer el despido de James B. Comey quien -hasta hoy- se desempeñaba como director del FBI, desde la administración pasada.

Sin duda es uno de los movimientos políticos de Trump que más atención ha atraído entre demócratas, republicanos y medios de comunicación. No sólo porque dicho personaje -demoócrata- encabezaba una investigación en contra del equipo del Presidente, sino porque es uno de los hombres a quienes más rodea la polémica desde octubre-noviembre del año pasado.

Primero, lo primero: ¿Por qué lo despidieron? La versión oficial -la de la Casa Blanca- dice que fue porque eso recomendó el Fiscal General, Jeff Sessions (quien sería “el jefe directo” de Comey).

La misiva en la que Trump comunicaba al director del FBI su despido, señala que “acepté su recomendación y, a partir de ahora, está despedido y removido de su cargo, de aplicación inmediata”.

En otras 5 líneas, Trump agradece a Comey y lo hace todo muy ceremonial.

La parte preocupante, es que apenas hace unas semanas (el 21 de marzo), James B. Comey admitió ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, que estaba encabezando una investigación para determinar si el equipo de campaña de Trump tuvo nexos con el gobierno ruso de Vladimir Putin durante las campañas del 2016, algo de lo que el actual presidente ha sido acusado en múltiples ocasiones.

“Comey (…) admitió que su agencia (el FBI) está investigando posibles nexos entre Rusia y la campaña de Trump , y si esos crímenes pudieron haber estado relacionados con el hackeo de los servidores del partido demócrata”, cita CNN el 21 de marzo.

Pero esa no es la única ocasión en la que James B. Comey estuvo en el centro de la polémica. Los mismos demócratas lo odiaron en octubre del 2016, cuando a unos días de las elecciones, admitió públicamente que estaba investigando a Hillary Clinton por todo el asunto de los correos electrónicos enviados desde servidores no-seguros.

Esto, visto por muchos demócratas como una traición, pudo haber inclinado la balanza electoral a favor de Trump. No obstante, deja claro que Comey nunca se dejó llevar por tinte partidistas. Hoy, sin embargo, fue removido de su cargo cuando se encontraba a la mitad de una de las investigaciones más importantes de la última década.

 

Tal es la euforia que ha causado este despiadado despido, que el New York Times recuerda con él el caso de Watergate, cuando Richard Nixon pidió a su fiscal general, Elliot Richardson, que despidiera al director del FBI, Richard Cox, por investigarlo -a lo que se negaron sus dos funcionarios.

De acuerdo a un reporte de CNN, el despido de Comey llega en un momento en el que la investigación entraba a una nueva fase. Tanto, que ya han comenzado a enviarse los primeros citatorios a testigos que podrían declarar contra la Casa Blanca de Trump.

Sobre esto, es necesario también preguntarnos en manos de quién quedará la investigación que hasta entonces había sido liderada por Comey. ¿Qué harán los republicanos del Congreso en caso de que el nuevo líder del FBI presente pruebas? ¿procederán en un “impeachment” contra Trump que podría llevar a su despido como presidente? ¿o pondrá el magnate a alguien de confianza?

Esto también nos lleva a pensar en lo que podría pasar en el Congreso, actualmente dividido no sólo entre los dos partidos, sino entre los mismos republicanos. Actualmente, hay conservadores que desafían al presidente y otros que los defienden. ¿De qué manera el Comité de Inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes tomarán cartas en el asunto?

A pesar de que las razones del despido de Comey pueden ser muchas y diversas, queda claro que el despido beneficia demasiado a Trump como para pensar que es una coincidencia. El asunto adquiere importancia cuando recordamos que ni siquiera Nixon -el único presidente en la historia de EEUU que ha renunciado- pudo despedir al director del FBI que lo investigaba.