En el año 2013 saltaron a la fama unos niños basquetbolistas que jugaban descalzos, entregándole a un país algunos triunfos deportivos que hacían mucha falta a nivel mundial. ¿Quién puede olvidar aquella fotografía de uno de ellos enfrentándose a un contrincante más grande? Esa foto se volvió icónica y se convirtió en un ejemplo para todos.

Hoy en día esos niños tienen 14 años, comen tres veces al día y se están preparando para estudiar la preparatoria en Houston, Texas, en el 2017.

Sergio Zúñiga, quien es el encargado de llevar el basquetbol a tierras indigenas de la mano de la Academia de Basquetbol Indígena de México (AMBI), llegó a la región triqui, donde buscar el sueño americano, trabajar en el campo y abandonar la escuela era lo que los niños de esta comunidad esperaban de la vida.

Pero seis años después de la llegada de Zúñiga, estos niños comen tres veces al día, toman clases en de inglés y han atravesado el Atlántico, algo que sin duda alguna parecía impensable para cualquier habitante de la comunidad indígena que cuenta con altos niveles de marginación.

Actualmente los jóvenes de la primera generación se encuentran en el Centro de Control de Mando de la Policía Federal, esto en Iztapalapa. Aquí, los jóvenes combinan su entrenamiento físico con clases de español, matemáticas e inglés. A pesar de que ya usan zapatos la esencia no se pierde, ya que siguen igual de tímidos y hablando con un tono «bajito».

Algunos de ellos dicen que quieren ser doctores, abogados o ingenieros, pero todos ellos coinciden en querer regresar a su poblado para poder cambiarlos. Sin embargo, en el discurso de cada uno de ellos se repite la cuestión de la alimentación, ya que ellos estaban acostumbrados a comer «si bien nos iba una vez al día».

«El Profe» Zúñiga llegó un sábado a la cancha de baloncesto de Cruz Chiquita, esto en el municipio de Santiago Juxtlahuaca, donde un montón de niños lo esperaban asombrados por su altura y su idioma, ya que ellos nunca pensaron ver cara a cara a un ex basquetbolista, mismo que tenía como objetivo cambiarles la vida.

Con la autorización de las autoridades tradicionales, instaló su centro de entrenamiento en Río Venado y recorrió la sierra oaxaqueña divulgando su proyecto, el cual hoy en día cuenta con más de mil niños, tres centros y un total de 25 entrenadores.

Seis años después de Zúñiga a la sierra oaxaqueña, donde actualmente la lucha por el territorio y el poder han dejado miles de muertos en la zona, este hombre se encargó de llevar un equipo integrado por 9 jugadores a ganar la Copa Barcelona 2016, derrotando a Gravelins de Francia, 39 – 18.

A pesar de haber derrotado a todos sus rivales en el Festival Mundial de Mini Baloncesto en Argentina, participar en torneos en Londres, Barcelona, San Salvador, Montevideo y San Antonio; Zúñiga sigue diciendo que lo que el esta haciendo es una labor que está dando resultados y dice: «Los niños tienen sus estudios, sus tres comidas al día, los servicios que necesitan para estar sanos, viajan, tienen talleres, campamentos, ropa, calzado, juguetes… todo lo que un día parecía estar prohibido para ellos. Mientras mis niños tengan eso, los demás pasa a segundo plano».

Le preguntaron al «Profe» Zúñiga, ¿Qué tienen estos niños que los hacen acaparar reflectores? La respuesta dijo él, es muy sencilla, tienen hambre de salir adelante.