Por: Juan Carlos Arreguín.

No pretendo gastar el minuto de esta columna en señalar  las promesas incumplidas por el presidente López Obrador, de eso se encargan las instituciones técnicas e imparciales, que valoran los principales indicadores, el INEGI, el Secretariado de de Seguridad Pública, entre otros organismos; mismos que mes a mes nos dicen que la inseguridad creció, que la economía está por los suelos, que no hay empleo, vaya que no hay vacunas para niños con cáncer en hospitales.

Y del combate a la corrupción ni hablamos, porque Lozoya descansa cómodamente en su residencia, a Elba Esther Gordillo le dieron un partido político y Bartlett inunda ciudades desde la CFE.

Sorprende que el presidente que ilusionó a una cuarta parte de los mexicanos o que su gobierno sería de puertas abiertas; censure a los medios que exhiben la corrupción  de su hermano Pío o de los contratos millonarios de su prima Felipa en Pemex.

Sorprende que el que fuera candidato y denunciara opacidad de sus antecesores, intente desaparecer el INAI, tachándolo de obsoleto, cuando es la institución creada precisamente para transparentar los actos de gobierno.

O su maquiavélico interés por desprestigiar al Instituto Electoral un día sí y el otro también.

¡Qué lástima! se me fue el minuto y yo quería decir otras cosas, pero con lo que le pasa a nuestro México, de esto, es lo que debemos hablar.