Por: Miguel Ángel López, economista egresado de la UNAM.

La pandemia trajo consigo un deterioro en las condiciones laborales de las mujeres, las cuales mayormente han tenido que renunciar a sus trabajos remunerados y dedicarse a las actividades en el hogar, no remuneradas. Los avances han sufrido un duro revés con la pandemia. Ellas asumen más carga del trabajo precario, están más expuestas a la pobreza y a la violencia familiar, tienen menos representación y su brecha se torna cada vez más amplia con respecto a los hombres.

En México un estudio realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO), muestra los beneficios económicos de sumar a más trabajadoras femeninas, apuntando que en 2030, el PIB puede incrementarse en 15% respecto al año 2020, esto se lograría si se incorporara a las 8.2 millones de mujeres a la economía formal durante los próximos 10 años. Para ello se requiere por un lado, que el gobierno implemente un sistema de cuidados infantiles y, por el otro, que el sector privado lleve a cabo mayores inversiones y proyectos donde se incluya a la mujer.

En los últimos 15 años se ha mostrado un avance significativo del papel de la mujer en la economía; sin embargo, la tasa de participación ha sido muy baja, entre el 40 y 45% (por debajo del promedio de la región de América Latina que es del 46%), el porcentaje más alto se logró en 2019, pero se perdió a causa de la pandemia, reduciéndolo al nivel de 2005. Además, el IMCO menciona que las empresas que incluyen a más mujeres en cargos importantes, aumenta en 55% sus márgenes de ganancias y el 47% su retorno sobre capital, asimismo, tienen mayor probabilidad de mejorar su reputación y atraer y/o retener talento en casi 60%.

En este mismo tenor, el Fondo Monetario Internacional (FMI), aseguran que la brecha salarial entre hombres y mujeres impacta en un costo económico considerable, ya que perjudica la productividad y es un lastre para el crecimiento de un país. Según el estudio, las barreras que dificultan el ingreso de la mujer al mercado laboral (como distorsiones tributarias, discriminación y factores sociales y culturales), son más costosas de lo que se cree y, por el contrario, las ventajas de cerrar las brechas de género son mayores de lo que se consideran.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en México, la brecha salarial entre mujeres y hombres era de 18.8% en 2019 y representa una de las brechas más amplias de los países miembros de la OCDE, muy por arriba del promedio que es del 13%. A esto se suma que alrededor del 11% de las mujeres que tenían empleo en México antes de la pandemia salieron de la población laboralmente activa.

Un nuevo estudio del FMI encuentra que una mayor inclusión de las mujeres como usuarias, proveedoras y reguladoras de servicios financieros, tendría beneficios más allá de abordar la desigualdad de género. Reducir la brecha de género, fomentaría una mayor estabilidad en el sistema bancario y mejoraría el crecimiento económico. Por ejemplo, las mujeres comerciantes que abrieron una cuenta bancaria básica tienden a invertir más en sus negocios, también, los hogares encabezados por mujeres, a menudo gastan más en educación después de abrir una cuenta de ahorros.

Por su parte la Secretaria Ejecutiva de la (CEPAL) Alicia Bárcena, señaló en una conferencia sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, que “la integración regional debe cumplir un papel clave en las estrategias de salida de la crisis y puede ser la base para la reorientación del comercio internacional hacia una recuperación transformadora con igualdad de género y sostenibilidad”. Y siguió: “esta no es una época de crisis, es la crisis de una época. Una oportunidad para construir ese futuro inspirador para todas las mujeres, las jóvenes, las adolescentes y las niñas. Es urgente redistribuir los tiempos, los recursos y el poder para transitar hacia un nuevo estilo de desarrollo basado en la igualdad de género y la sostenibilidad”.

Es evidente la importancia del papel que juega la mujer en la vida social y económica. La voz de los organismos nacionales e internacionales se levanta de forma unísona para reafirmar la importancia de las mujeres en la esfera económica y destacan los beneficios de tener una mayor inclusión economía, y mejorar la igualdad de género. No existe ninguna fórmula mágica, pero sí varías políticas que pueden ayudar a reducir la brecha de género y mejorar las condiciones de las mujeres. Al final, les va bien a ellas nos va bien a todos.