Este 23 de de marzo, se cumplen 22 años del asesinato del político originario de Magdalena de Kino, Sonora, Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Definido por sí mismo como un candidato “forjado en la cultura del esfuerzo y no del privilegio”, Luis expresó en aquella ocasión, frente al Monumento a la Revolución con mas de 3 mil personas que asistieron, que era momento de cerrar el paso al influyentismo, la corrupción y la impunidad.

La mayoría de los asistentes eran integrantes de comités del Programa Nacional de Solidaridad, agrupaciones políticas y grupos populares del PRI. Su esposa, Diana Laura Riojas, llegó al mismo sitio una hora después.

Aquel discurso, significó para muchos, la ruptura del aspirante con el régimen presidencial que encabezaba Carlos Salinas de Gortari, también emanado del PRI.

En la tarde de ese 23 de marzo, al concluir el mitin realizado en la ciudad fronteriza, el candidato fue impactado por un par de balas, disparados por Mario Aburto Martínez, a quien arrestaron el mismo día.

El asesinato no sólo había llenado de luto a los familiares, colaboradores y simpatizantes del malogrado aspirante a la Presidencia, sino que también conmocionó a la clase política y el pueblo mexicano e general.

Mario Aburto, entonces joven de 22 años de edad, había sido detenido en el lugar de los hechos, señalado como el responsable de efectuar dos disparos en la cabeza y abdomen de Colosio Murrieta, en medio de la multitud que buscaba saludar al político.

La muerte de Colosio, se considera el primer magnicidio cometido en México desde el asesinato de Álvaro Oregon en 1928.

La gente piensa que a Luis Donalfo lo mataron por haberse vuelto peligroso para la clase política en el poder. El pueblo sigue pensando que se trató de un crimen de estado, cometido por la élite política de su partido.

Su discurso a 22 años de distancia sigue vigente: Veo un México con hambre y sed de justicia.