No todo son malas noticias, despidos, abusos o casos de discriminación en lo relativo al COVID-19. Este domingo se dio a conocer por parte del periódico «El Financiero», la historia de Felipe Ríos, empresario hotelero de Jalisco, quien prefirió ponerse a preparar y vender tamales antes de despedir a los empelados de su hotel, quienes no están laborando derivado de la pandemia y el tremendo golpe que ha significado para el sector turísitico.

En entrevista con el diario, Ríos afirma que puso en marcha la campaña «Pon tu corazón en un tamal», con la que familiares y amigos le compran tamales para ayudarle a solventar la nómina de los empleados. Lejos de detenerse con su círculo de amistades, más gente comenzó a comprarle, incluso han recibido donativos desde otros países donde conocen el hotel.

Parte esencial de la campaña es, además, que muchos tamales se compran para después ser  repartidos entre personal médico, salas de urgencias de hospitales, y familiares de enfermos de COVID-19.

«Estos pedidos se llevaron desde el principio, y es que uno como hotelero, tienes relaciones en todo el mundo, y hemos recibido de amigos, de desconocidos, y clientes, una serie de donativos. Ahí si, todo el 100 por ciento de lo que recibimos en esas donaciones se entrega, y ahorita hemos recibido de Estados Unidos, de Francia, de Colombia, de países donde donde están pasando también por la tragedia, pero conocen Guadalajara, conocen el hotel, tienen amistades aquí, son de aquí y están colaborando y ahora nuestro gran compromiso es el de no defraudarlos”, indicó.

Este toque altruista del negocio, se debe a que el restaurante del hotel pone 6 tamales más a cada docena que se compra para repartirse entre personas afectadas por el COVID-19.

El precio de la docena de tamales es de 180 pesos, y los fondos obtenidos se destinan a pagar la nómina de los trabajadores del hotel.

El Hotel Fénix, que lleva abierto desde 1912, está vacío. Ríos refiere que “un hotel sin gente, sin colaboradores, y sin huéspedes, pues es es un edificio de ladrillos y muebles; un hotel tiene un espíritu, ese espíritu son sus trabajadores, y nuestra filosofía es que estamos cuidando el espíritu del hotel, y es esto, cuidar a los trabajadores con una fuente de empleo, que lleven el sustento a sus casas, y pues, que sea una fuerte trabajo que persista”.

Lee la historia completa en EL FINANCIERO.