Este jueves, el estado de Texas, Estados Unidos, aplicó la inyección letal a Aber Revill Ochoa, ciudadano mexicano que pasó 17 años en el corredor de la muerte.

«Quiero pedir perdón a mis cuñadas por todo el daño emocional que les he causado. Las quiero a todas y las considero las hermanas que nunca tuve. Gracias por perdonarme». Estas fueron las últimas palabras del mexicano, ¿pero qué es lo que hizo para ganarse la pena de muerte?

En 2003, el hombre de 47 años fue condenado a pena de muerte por el asesinato de cinco personas, todas ellas miembros de su familia, incluidas sus hijas de 7 años y 9 meses.

En ese entonces, Ochoa era adicto al crack y vivía en Dallas, Texas, junto con su esposa, Cecilia, y sus hijas, Crystal (de 7 años) y Anahí (de 9 meses), además de su cuñada Jaqueline y su suegro Bartolo. El domingo 4 de agosto de 2002, Ochoa tenía diez días sin consumir drogas en un intento de superar su adicción, pero el síndrome de abstinencia fue demasiado para él y le pidió ayuda a su esposa. Después de fumar un poco, tomó su pistola y abrió fuego contra todos en su casa.

Su hija Crystal, al ver lo que ocurría, intentó escapar hacia la cocina, pero Abel la alcanzó y la mató de cuatro tiros en la espalda.

Además de las cinco víctimas mortales de esa masacre, Abel logró herir a Alma, la hermana de su esposa, quien logró escapar y avisar a la policía sobre lo que había ocurrido, mientras tanto, Abel tomó el bolso de su esposa y sacó su tarjeta de crédito.

Abel fue detenido por la policía mientras se encontraba en un cajero automático intentando sacar dinero para comprar más droga, como él mismo confesó.

A casi 18 años de este crimen, Abel pagó su condena al recibir la dosis letal de pentobarbital en la prisión de Huntsville.

Con información de BBC.