Era la noche del 15 de septiembre del 2020, caminaba con Camila las calles de Tijuana, nos disponíamos a comer, cantar y beber en algún bar de Avenida Revolución cuando pasó frente a nosotros un pequeño colectivo feminista, mismo que de forma valiente pero reprimida, debido al gran cuerpo de seguridad que las escoltaba, gritaban a todo pulmón sus diferentes consignas.

Me resultó admirable el coraje de esas mujeres para manifestarse en una de las ciudades mexicanas menos amigables para el feminismo, pero a su vez, indignante la cantidad de policías asignados a escoltar a este colectivo, pues más que un cordón de seguridad era un recordatorio de que el Estado y las instituciones no están con ellas.

Mi nombre es Gerardo Coronado y esta semana le cedo este espacio a cinco mujeres que día a día luchan desde sus diferentes trincheras por un mundo en el cual ser mujer, no sea un riesgo.

No recuerdo si fue en el siglo pasado o este, cuando me violaron; tenía tan solo tres años, mi nombre es Carolina Carbajo y hace apenas unos días escuché con mis propios oídos a alguien decir: “Que violen a Isabel Allende para que cierre la boca”. La violencia de género no es algo del pasado, es presente. Su lucha en contra tiene sus victorias, como su rechazo actual o la incorporación del feminicidio como delito; sin embargo, no es suficiente. No basta porque mueren 11 mujeres al día por ser mujer en México. 6 de cada 10 mujeres ha experimentado violencia física o sexual. Al final de leer esto, una niña o mujer fue violada.

¿Cuál es el reto? Erradicar la violencia, cambiar la cultura machista mexicana desde la raíz, transformar la educación de niños y niñas basándose en equidad y respeto. Cero impunidad, una restructuración de las fiscalías para su eficacia. Pero aún más allá, que se reconozca por toda la sociedad que SÍ existe la violencia de género.

La canción “What doesn’t kill you makes you stronger”, en español, “Lo que no te mata te hace más fuerte”, crudamente es real. A todas mis hermanas que murieron por ser mujeres, las llevo en el corazón y a las que sobrevivieron como yo, somos más fuertes que nunca.

Yo soy Tamara Contreras, otra de las cinco amigas y soy feminista porque creo que sí se puede lograr un cambio para nosotras en la sociedad, yo comienzo el cambio en casa.

Tengo una hermana de 9 años y un hermano de 21, mi hermana no tiene juguetes que cumplan algún rol de género y mi hermano comparte las tareas en casa tal cual lo hacemos todos. Es por eso por lo que me gustaría recordar que el cambio no es solo tarea de las mujeres, todos son comportamientos aprendidos, un bebé no nace con maldad en su ser o desconociendo al sexo opuesto como un ser igual. La deconstrucción activa se empieza en casa y se fomenta fuera de ella, reconociendo a tus hijos como iguales, trabajando la meritocracia y erradicando los roles de género. Un hombre sí puede tener una participación activa en el feminismo y sí puede cambiar el futuro que se tiene para las mujeres. ¿Cómo?

Reconociendo su masculinidad como un equilibrio donde también se reconoce al lado femenino que se lleva dentro, reconociendo la igualdad en condiciones del sexo opuesto, haciendo frente a la violencia hacia la mujer y evitando comportamientos desiguales aprendidos. Recordemos que el cambio de rol de las mujeres en la sociedad también depende de la creación de un nuevo hombre.

Mi nombre es Dessy Gutierrez y siempre me estigmatizaron, me dijeron que el feminismo buscaba ideales utópicos y que las mujeres que formaban parte no lograrían un cambio, que marchar y gritar se veía mal, te expone a ser acreedora de violencia y que no servía de nada. A pesar de las críticas, yo no desistí, hasta la fecha no me rindo, porque hay una historia, pero sobre todo un presente y un futuro que sé que alcanzaremos, solo es cuestión de visualizarlo.

En México, la lucha feminista ha traído grandes logros, que honramos y defendemos como la obtención de derechos civiles, políticos y mejores condiciones laborales; sin embargo, también aquellos alcanzados recientemente. La aprobación nacional de la Ley Olimpia en noviembre del 2020 reconoció la agresión y violencia de género digital, ahora se castiga con cárcel, la vulneración y difusión de la privacidad e intimidad sexual de las personas. A raíz de la filtración de imágenes de la víctima de feminicidio, Ingrid Escamilla en 2020, se propuso y se presentó una ley para sancionar penalmente a servidores públicos que difundan datos (documentos, imágenes, audios o videos) de víctimas de feminicidio; la Ley Ingrid ya fue aprobada en el Congreso de la CDMX en febrero del 2021. En el INE se impulsó y aprobó el formato 3 de 3 de violencia de género, por los cuales los candidatos muestran no tener antecedentes de violencia política, ni de género para contender en estas elecciones del 2021. Las feministas mexicanas, no solo rayan o rompen, sino que proponen e impulsan la restructuración legal y política del sistema, aún faltan muchas iniciativas por presentar, pero el mayor reto no es que se aprueben sino que las hagan valer y respeten las leyes que nos deberían proteger.

Yo soy Camila Calzada, de niña me enojaba ser mujer, me sentía incomoda con mi cuerpo, me sentía presionada, abusada. Tuve el privilegio de crecer en una familia hermosa en donde he sido escuchada y apoyada hasta en mis sueños más locos, en donde he podido elegir qué creer, qué leer, qué hacer, pero fuera de casa no fue así, al parecer ser hija de una madre soltera estaba mal, mi madre trabajaba durante todo el día con una sobrecarga laboral sin una iguala salarial, era atacada constantemente por ser mujer y los hombres con los que trabajaba se dedicaron a destruir su carrera profesional, pues la sociedad dicta que los hombres son más importantes que las mujeres. Me di cuenta de la desigualdad y discriminación que vivíamos, el mundo estaba hecho para que no nos diéramos cuenta, me enojé más, estoy enojada, pero mi enojo dejó de ser por ser mujer. A estas alturas hemos logrado un alcance mediático internacional imparable; sin embargo, la violencia entre parejas sigue aumentando, la violencia hacia las mujeres indígenas, las mujeres trans, las migrantes, hacia nuestra identidad sexual, hay mujeres que se siguen excluyendo del feminismo. Se han logrado reformas legales pero los prejuicios y el machismo las invalidan socialmente, buscamos erradicar los feminicidios, tenemos todavía muchos retos que alcanzar para nuestra libertad. “Las causas feministas son colectivas y no pueden lograrse individualmente. Si una mujer cambia, cambia ella, pero si cambiamos todas, cambia el género”-Marcela Lagarde

Mi nombre es Yireth Mendoza, y soy la última voz que leerás en esta columna, a mis 22 años, he tenido la fortuna de poder estar en 17 países distintos. Y después de haber convivido con hombres y mujeres de diferentes nacionalidades, ideas y creencias, me he percatado que las mujeres hemos sido discriminadas, oprimidas y violentadas sistemáticamente desde hace miles años.

Si hoy tú te quejas de las mujeres que rayan paredes y queman monumentos, tendrás que saber que este movimiento comenzó, porque hace unos años un grupo de «envalentonados» hombres quemaron vivas a 129 madres, hijas y hermanas en una fábrica por manifestarse en contra de las insoportables condiciones de trabajo.

La realidad es que la violencia de género es una pandemia global, nos ha tomado años, nos ha costado vidas, pero hoy ya no tenemos miedo de enfrentarla.

Como dice la canción «Yo todo lo incendio, yo todo lo rompo, Si un día algún fulano te apaga los ojos, Ya nada me calla, ya todo me sobra, Si tocan a una, respondemos todas»

Gracias por leernos y recuerden que el silencio ya no es una opción.