No, no hablo de Andrés Manuel López Obrador aunque la frase le venga como anillo al dedo.

Hablo del joven Paul Ospital, dirigente estatal del PRI que un día sí y otro también tiene que enfrentar algún alzamiento o renuncia de la militancia.

Ospital todavía no estaba listo para ser líder de un partido que apenas conoce en el estado. Su influencia primero en el grupo del ex gobernador del Estado de México, César Camacho Quiroz y luego con Alejandro Moreno, ‘alito’, lo llevaron a los más altos niveles de la estructura nacional. Y cuando quiso más poder, más foro y foto, pidió la dirigencia estatal en el estado donde trabajo mientras duró el sexenio de su antiguo empleador, José Calzada..

El priísmo queretano, institucional valga la redundancia, acató la orden, lo recibió y al grito de ‘ha muerto el dirigente, viva el nuevo dirigente’ comenzaron a trabajar.

Pero su falta de oficio lo llevó a enfrentarse con los viejos y enquistados liderazgos de ese partido, o de lo que queda de ese partido, pues hay que recordar que muchos ya trabajan para Mauricio Kuri o para Morena desde hace un buen rato.

Para el PRI esta será una elección de ‘vida o muerte’. Es decir se estará jugando no un triunfo (que me dicen que en algunos municipios de la sierra puede ser posible) sino su registro como partido estatal.

El peso de la elección recaerá en la diputada local Abigail Arredondo y en la federal María Alemán, candidatas al gobierno estatal y municipal respectivamente, que tendrán que enfrentarse no solamente a candidatos con dinero, estructura e influencias –como lo son Kuri, Nava, Celia y tal vez Maximiliano- sino también a cientos, quizá miles de priístas que trabajarán para que el PRI pierda y Paul se vaya.

Por supuesto el primer interesado en que esto ocurra es el ex dirigente y regidor Juan José Ruiz quien está ansioso de decirle a amigos y enemigos ‘se los dije’.