Todo comenzó con una idea: Querétaro como un verdadero centro de progreso, desarrollo y bienestar. Una misión ambiciosa, pero muy ad-hoc para una ciudad que se encontraba en pleno crecimiento, en el centro de la República. 

 

En la década de los setenta, Querétaro era un pueblo de apenas cien mil habitantes. La vida era tranquila, austera, y todos se conocían entre todos. Aquellos niños que corrían por Juárez y Corregidora -nunca más allá del río para no alejarse mucho-, y que se sorprendían cada vez que pasaba un avión por los cielos, no podían imaginarse que cuando fueran grandes, su pequeña ciudad sería puesta como ejemplo de progreso y desarrollo por el mismísimo presidente de Estados Unidos, o -mejor aún- que podrían trabajar en la construcción de los mismos aviones que los sorprendía tanto. 

 

Por aquel entonces, ya comenzaba a haber los primeros indicios de una ciudad en crecimiento. La llegada de un par de empresas de la industria automotriz, lideradas por Tremec, dio mucho empleo a la gente de la época, pero nunca nadie se imaginó el boom que iba a tener la ciudad. 

 

Y llegó la durísima década de los noventas. En aquel momento, el país se encontraba en un momento crítico.  Teníamos el reto de salir de una de las crisis económicas más grandes de la época moderna, que había causado que las familias pasaran por un duro bache. Pero en el horizonte, más allá de nuestras fronteras, había esperanza: Con la aprobación del Tratado de libre Comercio, por primera vez el mundo se abría para nosotros. Y Querétaro estaba preparado para tomarlo. 

 

Teníamos todo para lograrlo: El espacio, las ganas, la cercanía con la ciudad de México y lo más importante, una población capaz, resiliente y con ganas de trabajar para sacar su estado adelante. 

 

El primer reto era llamar la atención del mundo. Si en los setentas, la industria automotriz ya se había consolidado en Querétaro, ahora era su momento de brillar. Los gobernantes de aquel entonces se enfrentaban a una gran pregunta: ¿cómo hacemos para que las empresas del mundo se fijen en Querétaro? 

 

Primero era necesario resolver el problema de la conectividad: nadie quiere invertir en una ciudad aislada. Aunque Querétaro estaba muy cerca de la ciudad de México, llegar a ella era un verdadero suplicio. Es por ello, que durante los sexenios de Enrique Burgos García e Ignacio Loyola Vera, se implementaron grandes programas de modernización de carreteras: no sólo la México-Querétaro o la Querétaro-Irapuato, sino también la construcción de Libramientos. Sí: esos que hoy conectan a las zonas industriales con el centro de Querétaro. 

 

Estas grandes obras de conectividad estuvieron complementadas con otras medidas para llamar a la industria automotriz a consolidarse en nuestras zonas y parques industriales: la promoción de Querétaro en el extranjero, facilidad para instalarse en la entidad,  incentivos fiscales, una buena coordinación con las autoridades federales, y lo más importante: planeación: Se trazaron cuidadosamente los planes para hacer un corredor industrial importante de Querétaro a San Juan del Río. 

 

La estrategia funcionó, y los resultados siguen viéndose hoy en día. De 49 empresas automotrices que existían en Querétaro en 1999 (a la mitad del sexenio de Loyola), hoy se cuenta con más de 150 industrias de autopartes que dan empleo alrededor de 44 mil personas. Esta industria es -sin duda- la que más empleo da dentro del sector manufacturero. Hoy, Querétaro tiene más de 27 clusters de fabricación de autopartes, distribuidos en 7 municipios. Y aunque no tenemos ninguna armadora, nos hemos consolidado como el principal estado de industria automotriz en México. Aquí no armamos coches, sino que construimos volantes, bolsas de aire, sistemas de GPS, frenos, sistemas de seguridad, motores…  Aquí construimos el alma de los coches.  (AQUÍ PONER FOTOS CAMBIÁNDOSE DE INDUSTRIA DE AUTOPARTES) 

 

El éxito de la estrategia de posicionar a Querétaro como un diamante en bruto del sector automotriz, también hizo que cambiara la forma en la que nos percibe el país. Querétaro pasó a ser el estado con el tercer mejor salario promedio en la industria de autopartes (con alrededor de 400 pesos diarios), la mano de obra mejor calificada, y uno de los estados que más aportaba al PIB nacional. 

 

Sin embargo, la cosa está apenas empezando. El sector automotriz, aunque hoy sigue siendo el más importante, fue solo el precursor de toda una cadena de innovación que nos llevaría hasta el cielo (videos de aviones despegando). Pero, ¿cómo construir aviones si no tenemos un aeropuerto? 

 

Esta historia en el siguiente episodio de El Milagro Queretano