Por Gerardo Coronado, Licenciado en Relaciones Internacionales y ciudadano del mundo 

El domingo pasado parecía ser un día tranquilo y que no pasaría nada espectacular, iría a visitar a un amigo, posteriormente cumpliría con algunos deberes del hogar y terminaría la tarde leyendo, disponiéndome a descansar. Sin embargo, de mi plan original solo se cumplió la primera parte, efectivamente fui a visitar a un amigo, tomamos café, nos dirigimos al gimnasio y fue ahí que comenzó la historia que hoy les quiero contar. Mientras yo realizaba algunos ejercicios, noté que Miguel habla por teléfono, al colgar se acercó a mí y me comentó que Jenny y Regina irían de visita pues querían tomar vino, nadar y platicar.

Y así sucedió, ambas llegaron al departamento, subimos a la alberca, abrimos unas botellas de vino y comenzamos a platicar, en algún punto de la conversación nos quedamos Regina y yo platicando, me comenzó a contar que nació en Texas, pero que a los pocos años se mudó a Jordania en donde vivió parte de su infancia ya que su madre consideró que sería mejor que se educaran en Estados Unidos. El padre de Regina es de Palestina, actualmente vivé en Arabia Saudita en donde trabaja como Ingeniero. Regina dice que su madre les hizo olvidar el árabe, les obligó a aprender inglés para que se desenvolvieran mejor en Estados Unidos, me compartió que le encantaría hablar árabe, que hace poco fue a Jordania, también estuvo en Turquía y que le encanta el Baklava.

Por otro lado, Jenny nació en Nueva York o por lo menos sé que ahí creció, sus padres, judíos de Brooklyn, dice que su madre puede hablar un poco de yidis una lengua hablada por los judíos con gran influencia del alemán. Hace unos años Jenny viajó a Israel como parte de un programa patrocinado por la comunidad judía en Estados Unidos de América a fin de que pudiera conocer sus origines.

Así transcurrió mi tarde del domingo conviviendo con Regina y Jenny que son mejores amigas, fue hasta que íbamos camino a un bar para cenar que me percaté de un detalle, tenía ante mí a una persona de ascendencia judía y otra de ascendencia musulmana, siendo mejores amigas.

¿Qué es lo interesante de esto? es simple, los palestinos e israelitas llevan desde 1947 en conflicto, lo que sucede es que en ese año con la famosa Resolución 181 las Naciones Unidas y sus países miembros decidieron crear dos Estados, el de Israel y el de Palestina, esto sucedió en un territorio que Gran Bretaña dominaba desde finales de la Primera Guerra Mundial, pero en el que habitaban palestinos. También en esa resolución se resolvió que Jerusalén pasaría a ser administrado de manera internacional, convirtiéndose esta ciudad en territorio de nadie, pero de todos a la vez.

Ya una vez en el bar, Jenny comentó que cuando fue a Israel los llevaron por la orilla de Gaza, en donde pudo observar a un lado del muro que había letreros que decían “No se aceptan judíos” y por el otro un letrero que decía “No se aceptan palestinos”.

Gaza o también conocida como la Franja de Gaza es un territorio situado entre territorio palestino y judío, en donde actualmente existen 8 campamentos de refugiados y según la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) es una zona habitada por un millón trecientos mil refugiados, es decir el equivalente a la población total de la capital queretana y el municipio de Corregidora.

Muchos de estos refugiados son de tercera o cuarta generación lo que significa que los abuelos llegaron a ese campo buscando ayuda humanitaria (seguridad, agua y alimento) pero debido a la inestabilidad de la región tuvieron que permanecer en Gaza, procrearon y sus hijos crecieron en ese campo con educación muy básica o nula, viviendo de donaciones internacionales, odiando a su vecino (Israel) porque desde que nacieron han vivido en esa condición por su culpa, pero esos hijos también tuvieron bebés, hoy muchos de los refugiados originales que llegaron hace más de 50 años, ya son abuelos y han visto crecer a sus hijos y nietos en condición de refugio debido a un conflicto que muchas veces ni si quiera se logra comprender.

Hace unas semanas la Autoridad Nacional Palestina (ANP) denunció que el Gobierno de Israel mantenía bloqueada la entrada de vacunas contra la Covid-19 a la Franja de Gaza, mismas que serían aplicadas a personal que labora en salas de cuidados intensivos y en departamentos de emergencia.

Cuando comenté en la mesa del bar que este era un conflicto que tomaba sus orígenes en cuestiones religiosas y políticas, Regina me dijo “Pues que lo resuelvan los gobiernos, la gente no tiene que sufrir debido a ellos”.

Jerusalén, lugar en donde murió Jesús y ascendió Mahoma a los cielos, ciudad sagrada para cristianos, judíos y musulmanes, misma que dio pie a la fundación de varias religiones que profesan paz, amor y respeto, no ha podido ser un punto de negociación, mediación ni mucho menos ha ayudado para la resolución de este conflicto. La disputa Palestino Israelita es el mayor fracaso de las Naciones Unidas, de la comunidad internacional, de las diferentes religiones y del ser humano en general. La falta de tolerancia religiosa, el exceso de ambición política y económica han dado paso a que por años comunidades se vean obligadas a vivir en condición de refugiados, a que gente muera y sobre todo a fomentar el odio entre personas.

Regina y Jenny son el vivo ejemplo de que el conflicto puede y debe quedarse en manos del gobierno, que cada una tiene sus propias ideologías, creencias y diferentes opiniones críticas, pero que con tolerancia y respeto pueden seguir siendo compañeras de trabajo, de fiesta y de vida.

Ese domingo en el bar los cuatro juntos pudimos concluir dos cosas, la primera fue que nuestra charla había sido demasiado profunda para un domingo a las 11 de la noche y la segunda que las alitas veganas que ordenó Regina estaban mejor que las alitas de pollo. Ese fue el fin de mi domingo, sin importar creencias, ideologías u opiniones, cada uno de nosotros se fue a su casa, los cuatro siendo amigos y contribuyendo sin saberlo a disminuir el odio en este mundo.