El sitio de Querétaro es uno de los episodios más negros de la historia de nuestro estado. Con una duración de 71 días, de marzo a junio de 1867, la población sufrió mucho. Las tropas Juaristas comandadas por el Gral. Mariano Escobedo tenían rodeada a la ciudad, en una incansable misión por derrocar a Maximiliano, que había hecho de nuestra ciudad la capital del Imperio.

Lo principal para las tropas liberales era cortar el suministro de agua y comida. Hasta tal punto tuvieron éxito. Para cortar el suministro de agua, los soldados de Escobedo abrieron un ‘boquete’ en el segundo arco (de Hércules a la Cruz), que era suficiente para que toda el agua se tirara por el valle de Carretas.

Con el afán de llevar el vital líquido a una población que ya de por sí sufría mucho, José María Benito Reynoso se arrastraba todas las noches desde La Cruz hasta el segundo arco (cerca de donde ahora es la entrada a Loma Dorada), subía a la cima de los Arcos, y los ‘arreglaba’ con una penca de nopal, restableciendo así el flujo de agua potable.

El Dr. Garrido del Toral explica que esto significaba un gran riesgo para este valiente queretano, puesto que era un blanco fácil de las balas republicanas.

“El temblaba sobre todo en las noches de luna llena”, dice Garrido del Toral. “Para el queretano no fue nada fácil”.