Autoría de:
1.Gerardo Coronado Benitez, Licenciado en Relaciones Internacionales y ciudadano del mundo.
2.Ulises Rodríguez Quintanilla, Vicecónsul, melómano y saxofonista.

Hoy hace un año comencé a laboral en mi primer trabajo formal como egresado, un empleo que me brindó la oportunidad de mudarme a Estados Unidos. Sin embargo, la mudanza y el comienzo de esta aventura no fue tan maravilloso como suena, pues mi traslado y arribo a este país estuvo lleno de incertidumbre, cambios de último momento, retrasos, cancelaciones de vuelo y demás experiencias dignas de una pandemia que recién llegaba a esta parte del mundo.

Nunca olvidaré el primer día que salí a conocer la ciudad, para mí, era una ciudad fantasma, imagina mudarte de país, recorrer la calle principal del centro de la ciudad y no ver coche alguno, el transporte público vacío, todos los comercios cerrados, ni una sola persona caminando, en resumen, una ciudad completamente sola.

Esa fue mi impresión de Kansas City, Missouri (KCMO). La pregunta constante que sonaba en mi cabeza los primeros días era ¿A dónde me vine a vivir?

Un año después, puedo decir que es una buena ciudad para vivir, tranquila, con gente amable y sin mucha agitación, en realidad me recuerda mucho a Querétaro por su gran dinamismo económico, por ser una ciudad pequeña que ha crecido exponencialmente en los últimos años y por la gran ventaja geoestratégica con la que cuenta al estar ubicada al centro del país. Las palabras del taxista que me transportó desde el aeropuerto fueron:

“Bienvenido al corazón de Estados Unidos”

No sé si todo el país piense los mismo, pero he escuchado a más de una persona oriunda de KCMO referirse a esta ciudad de esa manera.

Una de las noticias más relevantes de KCMO en los últimos días es la fusión delas empresas ferroviarias“Kansas City Southern”y”CanadianPacific”, creando así la primera línea de trenes entre Canadá, Estados Unidos y México. Según la Asociación Americana de Ferrocarriles el transporte de mercancías vía férrea entre los tres países representa un estimado de 43 mil millones de dólares anuales. Gracias a esta fusión en un futuro no muy lejano, alguno de los trenes que pasa por encima de Bernardo Quintana, podría estar transportando mercancía proveniente desde Vancouver.

Sin duda, esto es un paso firme que dan las compañías para lograr consolidar la integración comercial de la región.

Como decía, considero que Kansas City es un buen lugar para vivir, una ciudad de gente amable, apasionada por su equipo de Futbol, por el de Beisbol, por el BBQ y el Jazz. Sobre el BBQ les puedo decir que es de excelente calidad, existen disputas entre la gente de cuál es el mejor restaurante, sin embargo, en lo que todos coinciden es que hasta Obama viene a comer BBQ a esta ciudad (No me consta). De la pasión por sus equipos, les puedo contar que en temporada de juego los edificios se iluminan de rojo por los Chiefs (Equipo de futbol americano) o de azul por los Royals (Equipo de beisbol), el agua de las fuentes se pinta del color del equipo que vaya a jugar y hasta existe algo llamado “Red Friday” (viernes rojo), día en que prácticamente es una obligación moral vestir alguna prenda de los Chiefs o mínimo algo de color rojo.

Sobre el jazz no les puedo decir mucho, pero en estos doce meses viviendo en Kansas City, he conocido gente increíble, entre ellos, el Vicecónsul Ulises Rodríguez, quien además de ser el encargado de Protección Consular en el Consulado deMéxico en Kansas City, es padre, esposo, saxofonista y apasionado por la música.

Para mí es gusto y honor poder compartir esta columna con él y cederle las siguientes líneas…

En contraste con el corto tiempo que mi colega Gerardo tiene en el también llamado Midwest, yo ya no soy tan nuevo en esta ciudad, ya que actualmente voy por mi tercer año en la ahora conocida como: “The City of Fountains” (La Ciudad de las Fuentes).

Cuando me enteré de mi traslado a esta ciudad, la emoción y la expectativa eran enormes, y no podía ser para menos, al ser estas tierras donde viera la luz, por primera vez, uno de mis héroes musicales, el gran Charlie Parker a quien junto a algunos otros como Max Roach, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk y Bud Powell, darían paso al bebop, que en sí mismo es una corriente o estilo musical dentro del jazz que tuvo un auge fortísimo por allá de la primera mitad de la convulsionada década de los años 40’s.

Al ser yo un melómano empedernido (inclinado totalmente hacia el Blues, el Jazz y sus derivados), la emoción y anticipación por llegar pronto a esta ciudad, no podían ser mayores. Sin embargo, el descorazonamiento no tardó mucho en asomar su rostro, ya que imaginaba habría monumentos a los héroes -mis héroes-del Jazz casi en cada esquina o, cuando menos en cada plaza y… para mi sorpresa y desilusión NO es así.

Como lo comenté líneas más arriba, ésta es ahora conocida como la Ciudad de las Fuentes, y está bien, las fuentes y acueductos, en la antigua Roma, eran la ocasión para mostrar gran poder, al mismo tiempo que embellecían las ciudades y garantizaban el acceso al agua potable y la higiene.

No obstante, desde la humilde perspectiva de un músico amateur y frustrado saxofonista, esta ciudad podría –debería-ser promovida y conocida como: “Kansas City, la ciudad del Jazz”.

Adicionalmente a NO ser promovida como “La Ciudad del Jazz”, existe otro factor que, de alguna manera amenaza la supervivencia de este género musical, y que podría contribuir a apagar aún más la notoriedad de la ciudad desde la perspectiva musical, es por supuesto, la contingencia sanitaria ocasionada por la pandemia del SARS Cov2.

Antes del inicio de este flagelo, se tiene registro de que existían más de 40 clubes nocturnos que ofrecían música jazz en vivo. Debido a la pandemia, actualmente no son tantos los establecimientos con “Live Music” (música en vivo), los que sobreviven. A pesar de los pesares, dos lugares emblemáticos se mantienen con aparente estoicidad, mostrando cierta indiferencia a los embates económicos provocados por el COVID-19: “The Phoenix” (El Fenix) y “The Green Lady” (La Dama Verde), donde hoy en día, haciendo uso de las medidas sanitarias indicadas por las autoridades de salud, aún se puede escuchar buen Jazz en vivo, ejecutado a la perfección por excelentes músicos.

Quizá en otra ocasión haya oportunidad para dedicar una columna entera al “Kansas City Jazz”, que en sí es todo un estilo propio dentro del género del Jazz (el cual tuvo su auge durante los años 20’s y 30’s), o quizá la dediquemos a la que alguna vez fue la zona más prolífica de clubs nocturnos conocida “The Jazz District” (el Distrito del Jazz), ubicado en la Calle 18 y Vine, donde actualmente se encuentra “The American Jazz Museum” (El Museo Americano del Jazz), en el cual se encuentran piezas emblemáticas de la historia del Jazz.

Tanto que compartir y tan poco tiempo para escribir.Por lo pronto, me quedo con los esfuerzos de los amantes del Jazz en general (particularmente de la comunidad afroamericana), por conseguir que esta maravillosa música siga “Alive & kicking” (vivita y coleando). Me despido agradeciendo a mi colega, el buen Gerardo Coronado, la oportunidad de coescribir esta breve columna y asegurándoles que: El Jazz, cuando menos en el corazón de Estados Unidos, tiene cuerda para rato.