Se confiscaron más de dos millones de pesos en polvo blanco

Después del intenso fin de semana que se tuvo en cuestión de detenciones policiacas en Querétaro, ha habido múltiples declaraciones respecto a las acciones en materia de seguridad y lucha contra el crimen.

Pero primero, un poco de contexto. Este fin de semana, se detuvieron en Querétaro a siete personas. Cuatro secuestradores que operaban desde la entidad y eran buscados en el Estado de México, y otros tres encargados de una millonaria empresa de distribución de drogas desde el fraccionamiento Misión Cimatario.

Ambos grupos de delincuentes fueron detenidos la noche del viernes. Ambos casos fueron confirmados por la Fiscalía General del Estado. Sobre quienes distribuían droga, se dio a conocer que en la vivienda había más de 21 mil dosis de cocaína (que equivale, a aproximadamente dos millones cien mil pesos), 27 armas y miles de cartuchos.

Estos 7 se añaden a la ya larga lista de delincuentes (de muchos cárteles distintos) que han decidido instalarse en la entidad. Algunos nombres: Martín Navarro, del CJNG; Héctor Beltrán Leyva, del Cártel de los Beltrán Leyva; y Enrique Plancarte, de los Templarios. Otros más recientes: Luis Gioconda, líder de un grupo criminal dedicado al secuestro.

Ahora bien: el discurso que ha seguido a estas detenciones ha sido enérgico, como es de esperarse. La “mano dura” del gobernador Pancho Domínguez nunca ha sido tan evidente. Desde el ámbito político, se reconocen estas detenciones como un duro golpe a la delincuencia -que, de cierta forma, lo son. Incluso la oposición reconoce y aplaude -como deberían- las detenciones que se han realizado, así como el aseguramiento de armas y drogas.

Ese mismo mensaje es replicado incansablemente por los funcionarios detrás de las acciones de seguridad: El secretario de gobierno, Juan Martín Granados; el fiscal Alejandro Echeverría Cornejo; el Secretario de Seguridad Ciudadana (SCC), Juan Marcos Granados; y hasta el secretario de Seguridad Pública Municipal, Juan Luis Ferrusca.

No obstante, hay otro mensaje. Uno que está implícito y no proviene de los actores detrás de las detenciones, sino de los mismos hechos.

La inseguridad en Querétaro existe. El narcotráfico en Querétaro existe, aunque su presencia sea más sutil y disfrazada que en otros estados de la República. Aunque no haya adoptado -por ahora- la forma de incontrolable violencia que se ha visto en Chihuahua, Nuevo León, Sinaloa y ahora en el vecino estado de Guanajuato.

Esto es algo que, para los queretanos, era ajeno hasta hace poco. El tema de la inseguridad ha sido un tabú de decenas de años en la entidad. Ahora, con estas detenciones, queda en evidencia lo que era una verdad no dicha -y en ocasiones negada: En Querétaro opera el narco como en todo el país. Lamentablemente, como en todo el mundo.

Ahora bien, ¿qué sigue después de las detenciones? Sin duda, debe venir más información. Habrá que darle el voto de confianza a las autoridades -así como tiempo- para que revelen lo que es información de interés para todos: Quiénes eran quienes operaban en esa casa, a qué cártel pertenecían, a qué grupo pertenecían los secuestradores detenidos el mismo día, y cómo es su operación en otras zonas del estado.

¿Tendrán que ver con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, con reconocida presencia en Guanajuato y por lo menos un narcolaboratorio que operaba en Querétaro?

Es una pregunta que no se puede contestar a la ligera ni “a lo menso”, pero tiene que ser contestada. La razón es muy sencilla: los ciudadanos ‘de a pie’ debemos saber a lo que nos enfrentamos.

Pero debemos ser pacientes. Debemos dejar que las autoridades sigan con las investigaciones, pues ellos son los encargados -nos guste o no.

A fin de cuentas, esperamos que a estos casos se les de el seguimiento que por su relevancia merecen, pues de lo contrario, nos hundiremos en ese mar de incertidumbre en el que hemos estado sumidos por años.

Escríbeme, @memocalzada