Es imposible no verlo: detrás de la sonrisa forzada de Marko Cortés, Presidente del PAN, de las columnas de Fer Belauzaran, uno de los extraños liderazgos del PRD, y de las patadas de ahogado del Presidente del PRI, Alejandro Moreno, que con tanto evento de “marea roja” parece que se olvidó del covid-19 y de la historia reciente de su partido, está la desesperación – no la del general atacado que está a punto de ser vencido, sino la del comandante a quien los “grandes ejércitos” ni siquiera pelan.

Y es que a cada oportunidad,-que es cada mañana-  López Obrador se los sacude como si fueran una mosca.

No hay que culparlos por estar desesperados. Estamos a menos de 100 días de las elecciones intermedias -última oportunidad de quitarle a López Obrador la hegemonía del poder en el país-, y no hay -nunca ha habido- un liderazgo opositor claro. Se necesita una figura que tenga una “trinchera” desde la que pelear, y alrededor de la cuál se reúnan todos los anti-AMLOs (por un momento pareció que Mauricio Kuri, líder de los panistas en el senado, iba a tomar esta bandera), y lo más que tenemos es Ricardo Anaya recorriendo el país, generando más memes que otra cosa.

Por eso no sorprende que empecemos a ver cómo resurgen figuras de la vieja guardia, viejos lobos de mar que ya vivieron siendo oposición en un México marcado por la hegemonía del poder político. ‘El Jefe’ Diego Fernández de Cevallos y Cuahtémoc Cárdenas son ejemplos perfectos. No culpo a Loret de Mola de preguntarle al excandidato panista si estaría interesado en buscar la presidencia: con un video causó más incomodidad al Presidente, que tres años de una oposición que se rasga las vestiduras una y otra vez.

Pero ¿por qué? ¿Qué es lo que le falta a la oposición para poder tener un liderazgo claro y contundente que abandere la opción anti-López?

Primero que nada, una identidad:  Con el triunfo de López Obrador -e incluso años antes- los partidos políticos en México se hicieron e chile mole y pozole. Lo mismo ves a un priísta que esté a favor del aborto en la Ciudad de México, que uno en Guanajuato o Querétaro que ni siquiera se atreva a llevar el matrimonio homosexual a la Cámara de Diputados local. Esto es particularmente cierto en el caso del PRI, que por años han profesado la practicidad que hoy tanto le critican a AMLO (que se dice de izquierda, pero es anti-feminista, pero Guadalupano). En el caso del PAN, el único que puede tener algo parecido a una identidad, lo mismo es cierto, aunque dentro del gran abstracto que es la derecha. Tenemos yunquistas en los estados más conservadores, en la eterna misión de traer el Reino de Dios a la tierra, y panistas que se dicen liberales.

En segundo lugar, la manera de dar el mensaje: ¡Alguien dígales que nadie ve sus videocolumnas! Desde que inició el gobierno de López Obrador, parecería que la estrategia de toda la oposición es grabar videocolumnas opinando sobre la mañanera, como si fueran corresponsales de E! dando su opinión de los outfit de los Oscar  ¡Caray, todos sabemos que lo que dice López Obrador es escandaloso! ¡Llevemos la estrategia de comunicación al siguiente paso! ¿Qué estarían haciendo de ser gobierno? Por ejemplo, en el caso de las energías renovables, cuéntenos (no con videocolumnas, por favor), como se beneficiaría México de tener energía eólica. No se quejen de los malos manejos de AMLO con Pemex, que eso todos los que tenemos ojos lo podemos ver.

En tercer lugar y más importante: a la oposición le falta legitimidad. No importa lo que digan o hagan, es imposible no creer que detrás de todo está una ambiciosa búsqueda por el poder para lograr el beneficio personal. No importa lo que se diga, detrás de cada estrategia uno piensa en la historia de corrupción que está escrita con sangre detrás de cada tuit, de cada opinión. Uno no puede evitar pensar en los secretarios detenidos por pactos con el narco (García Luna, Cienfuegos, Lozoya), y los cientos de vidas que muy probablemente se perdieron por sus omisiones. Pasará mucho tiempo antes de que esos grupos puedan decir o hacer algo que no se vea ensombrecido por este funesto historial. En el caso de los empresarios (y el intento de unificar la oposición en un Frente por México), ocurre lo mismo: se perciben como cómplices de este poder. Tenemos que reconocerle a López Obrador que supo vender la idea de la mafia del poder. Sólo que no teníamos idea que él formaba parte.

¿Qué sigue? La oposición debe darse a la tarea de evaluar sus cartas, quitarse de juegos, formas y filas, y definir bien a sus perfiles para las elecciones de este año. También deben optar por un liderazgo ajeno al partido -que no comparta su historia de corrupción- y que sepa dar mensajes claros sin caer en las politiquerías de siempre.

Attentamente,

El Nigromante