¿Te imaginas llegar a un parque decidido a ejercitarte y ver a todas las personas corriendo de espaldas? Bueno pues tener la suficiente confianza para darse la vuelta y comenzar a correr de espaldas exige mucho más de lo que uno se puede imaginar.

Seguridad y determinación son algunas de las facultades que se necesitan para dar zancadas en dirección contraria. Sin embargo, estas cualidades no nacen de la noche a la mañana, para lograr dominarlas se requiere esfuerzo y unos cuantos años de entrenamiento.

 

Me imaginó que en este punto te estas haciendo una pregunta, «¿cómo se corre hacia atrás?». Bueno en primer lugar, se debe inclinar ligeramente el cuerpo hacia delante, después estiras la pierna hacia atrás, se impacta primero con la punta del pie y se impulsa, pero hay que tener en cuenta que nunca se toca el suelo con el talón.

Al correr hacia atrás se utilizan músculos totalmente diferentes a los que se utilizan en la carrera hacia delante y necesitas más trabajo de gimnasio. Sin embargo, por encima del esfuerzo que tienes que hacer para adaptarte a esta nueva forma de trabajo, algo que tendrás que superar antes que cualquier otra cosa es la falta confianza.

Uno de los efectos que algunos estudios atribuyen a esta práctica es que ayuda en los procesos de rehabilitación de las lesiones e incluso protege de ellas. Así lo menciona la investigación realizada por científicos de la Universidad de Oregón (Estados Unidos). «Lo que cambia es la dinámica de la marcha», así lo explica el doctor Bertó. «Es verdad que la fase de aterrizaje o de apoyo plantar es más suave, pero, en contrapartida, el impulso tiene que ser mayor e implica grupos musculares que normalmente se usan para suavizar el impacto».

Así que ahora ya lo sabes, puedes correr 5 kilómetros para delante ejercitando una parte de los músculos de las piernas y posteriormente recorres esos mismos 5 kilómetros hacia atrás para ejercitar los demás músculos de tus piernas.