Por: Adrián Morales

Antes de que terminara el 2016 se informó que el 1 de enero se aplicaría un incremento considerable en el precio de la gasolina. Esto, en conjunto con la depreciación del peso, el desabasto de combustible y la delincuencia y violencia que golpea diariamente a México sacó lo peor de los mexicanos.

Mientras que algunos optaron por las protestas pacíficas, bloqueos y manifestaciones, en cambio, muchos más decidieron que la mejor forma de enfrentar esta situación era atacar a Petróleos Mexicanos, vandalizar las estaciones de carga y tomar los puntos de distribución de gasolina. Finalmente, un tercer grupo eligió un camino violento y completamente ajeno a la problemática, cientos de personas en todo el país decidieron asaltar tiendas departamentales y llevarse todo lo que pudieron, desde cerveza hasta televisores y ropa.

La invitación para saquear y vandalizar tiendas se extendió como la pólvora en las redes sociales y miles de personas respondieron al llamado. Al mismo tiempo las autoridades realizaron un operativo para hacer frente a la situación, logrando tan sólo en la Ciudad de México y el Estado de México la detención de 225 personas.

Como suele ocurrir en estos casos, los conflictos no tardaron en aparecer y en todos los estados se reportan oficiales de policía detenidos, en el Estado de México un policía murió al ser atropellado por sujetos en una camioneta que pretendían asaltar una gasolinera.

Un video que circula en las redes sociales muestra cómo decenas de personas salen corriendo de una tienda Elektra cargados con impresoras, televisores y toda clase de productos al escuchar el sonido de una sirena policíaca. Junto a un puente peatonal hay un pequeño incendio y la persona que graba el video grita insultos a los policías que acuden a atender la emergencia.

Videos como el de arriba se multiplican en las redes sociales, en diferentes tiendas, diferentes ciudades y diferentes estados, la población mexicana ha encontrado en la delincuencia un retorcido sentido de justicia en el que afecta a otros y al mismo país en un intento de salir adelante sin darse cuenta de que sus acciones traen más mal que bien.

Atacar tiendas y gasolineras no hará que el precio del combustible baje, tampoco estabilizará la economía del país, mucho menos acabará con la delincuencia, pero ¡Hey! Al menos ahora tienes una televisión nueva…