Entre los cientos de miles de árboles que tapizan de verde las montañas de la Sierra Gorda, hay uno que sobresale no sólo por su singular belleza, si no su antigüedad.

Se trata de un gigante. Uno que estuvo ahí desde mucho antes de que llegaran los primeros vestigios de civilización en la zona. Como un silencioso vigilante, este sabino ha sido testigo de la conquista, de la construcción de la Misión de Concá -población en la que se encuentra-, y de la transición de cientos de años hasta que este poblado llegó a ser el centro turístico de la Sierra gorda que es hoy.

Aunque no se sabe con exactitud hace cuánto tiempo está ahí, el árbol milenario de Arroyo Seco es el segundo más grande de México en cuanto al diámetro de su tronco, pues mide unos impresionantes 22 metros. Para lograr rodearlo, son necesarios 25 niños tomados de las manos y con los brazos extendidos. El más grande es el árbol de Tule, en la ciudad de Oaxaca.

Su apodo, ‘El árbol milenario’, fue puesto por los lugareños al admirar su majestuosidad. Poco poco, las autoridades locales fueron respetando esta tradición, y con este nombre se le empezó a promover.

Otra peculiaridad de este gigante de madera y hojas es que uno de los manantiales más importantes de la zona pasa por entre sus raíces y, en determinado momento, las aguas cristalinas brotan de ellas, convirtiéndolo así en un espectáculo digno de verse.

Está ubicado en un centro deportivo en el centro del pueblo de Concá, por lo que es una parada obligatoria para todos aquellos que van a visitar la misión franciscana, una de las 5 que hay en territorio serrano.

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Fotos: MiNube