Por: Guillermo Calzada

Trump fue claro en su discurso inaugural. Pondrá a América primero en todas sus decisiones. Con el enojo que es el común denominador en todos sus discursos, anunció su principio «America First», con la que confirma los miedos de los partidarios del libre mercado: se ven venir para EEUU políticas comerciales proteccionistas, así como una serie de medidas para asegurarle empleo a la clase estadounidense trabajadora, un revés para los migrantes latinoamericanos que ya se veía venir.

Al convertirse en el 45avo Presidente de EEUU, Donald Trump dijo que llevará el poder de Washington DC «de regreso a la gente». Un líder de derecha decorando su discurso con tintes sociales es algo que ya hemos visto en la historia -y que pocas veces ha salido bien. Un líder que habla de reforzar fronteras ante la «invasión» de sus vecinos tiene el sombrío tinte de la agresividad y el enojo que luego -al ser contagiado a sus funcionarios y habitantes- sirve de justificación para los abusos. Vivimos en un mundo de cabeza. China se ha declarado el líder del libre mercado, mientras EEUU, quien hasta entonces portaba ese título, se ha convertido en un bizarro experimento que la mayoría de su país no quería ver realizarse. El estudioso Ian Bremmer, presidente del grupo Eurasia, señala que no ha habido un discurso tan nacionalista en EEUU desde la II Guerra Mundial. Y el nacionalismo es peligroso en un mundo donde la globalización marca las tendencias.

El reto para México es claro: las políticas laborales y migratorias de Trump van a ocasionar el regreso a caudales de mexicanos a su país, quienes se enfrentarán a instituciones débiles que no dan abasto ni siquiera a quienes ya están aquí. El impuesto del 20% a productos exportados de México a EEUU va a generarle un gasto imprevisto a los exportadores mexicanos, que tendrán que «compensarlo» subiendo sus precios y, en el corto plazo, recortando sus gastos (puede ser con disminución de salarios o recortes de personal). Las compañías extranjeras se la pensarán dos veces antes de invertir en México si eso implica enfrentarse a esta nueva medida, que es solo una tarifa disfrazada.

Mientras tanto, la complacencia. Las autoridades mexicanas saben los retos a los que se enfrentan. Hasta ahora, parece que su vía inicial es la de «intentar» convencer a Trump de que no sea tan duro con México. La sorpresiva extradición del Chapo y la designación de Videgaray son prueba de ello. El columnista Salvador García Soto hace un triste símil: La administración de EPN es Moctezuma, que le da un regalo a Hernán Cortés esperando que no sean tan duros con su pueblo. Se vienen tiempos difíciles.