En la esquina de la calle de 16 de Septiembre y Altamirano hay una casa que en su parte delantera conserva una fuente en una curva de la fachada, en esta casa se cuenta que, mientras estaba bajo los cuidados del párroco de la parroquia de Santiago, llegó a él un matrimonio que, venía de la sierra queretana, y sin haber encontrado un lugar para dormir, decidieron pedir permiso de pasar la noche en esta casa, la cual tenía mucho tiempo sin que alguien la habitara.

Una vez que se les dio el permiso, se prepararon para dormir en la primera habitación, la cual tenía ventanas que daban a la calle, de sus burros bajaron las pocas pertenencias que llevaban, mientras los alumbraban un par de velas se dispusieron a acomodar su lecho, cuando se preparaban para dormir, acudió a ellos una mujer, quien de una manera muy cortés les pidió ayuda, ya que se encontraba velando a un difunto, y quería repartir café. Ante esta situación, la esposa decide ayudar a la señora, pasando un par de horas al interior de la casa, mientras auxiliaba a la que pensaba vivía en aquella casa, la cual estaba pasando por tan doloroso trance. Pero se cuenta que, mientras la esposa ofrecía café a quienes estaban en el funeral, era rechazada cada vez que se acercaba a las personas que estaban reunidas alrededor del ataúd.
Cerca del amanecer la misteriosa dama se acercó, con voz dulce le agradece a su improvisada ayudante mientras le dice que en la alacena le dejaba algunas cosas, retirándose en la oscuridad de la noche.
A la mañana siguiente, haciendo caso a lo que la señora había dicho unas horas antes , y pensando que en la alacena habría algo para comer deciden ir a ver, cuando abrieron las puertas de aquella alacena su sorpresa fue enorme al ver que, del enjarre de la alacena se observaban ollas con monedas de oro. Aquel matrimonio humilde se quedó a vivir en la casa y el origen de su fortuna fue muy conocido.

– [ ] Leyenda extraída de anécdotas y leyendas queretanas del autor Jaime Zúñiga Burgos.