La tarde de este miércoles, las fuerzas estadunidenses establecidas en Afganistán confirmaron que soltaron la bomba GBU-43 sobre una red de túneles en el distrito de Achin, en la provincia de Nangarhar. De acuerdo al comunicado de prensa difundido por el cuartel general de las Fuerzas de Estados Unidos en Afghanistan, estos túneles eran utilizados por el autodenominado Estado Islámico.

La GBU-43 es la bomba más poderosa – no nuclear con la que cuenta el Ejército Estadounidense.

“Durante el ataque (a las 7:00 pm, hora de Kabul), se soltó la bomba GBU-43 desde una aeronave estadunidense. El ataque se diseñó para minimizar el riesgo para fuerzas afganas y estadunidenses (…) mientras se maximizaba la destrucción de instalaciones de ISIS-K.

El General John W. Nicholson, comandante de las Fuerzas americanas en Afghanistán, señaló que dicha bomba “fue el arma indicada para reducir los obstáculos y mantener el momentum de nuestra ofensiva contra ISIS-k.”

“Las fuerzas estadunidenses tomaron todas las precauciones para evitar pérdidas civiles con este ataque (…) continuarán los ataques hasta que ISIS-K sea destruido en Afghanistan.


El ataque llega un día después de que Rex Tillerson, secretario de Estado de la Casa Blanca, visitara a su similar ruso, Sergei Latvov. Durante dicha reunión, ambos funcionaros admitieron sus diferencias con respecto a Siria y la actual guerra civil, pero refrendaron su compromiso de la destrucción del Estado Islámico como principal objetivo.

El portavoz del pentágono, Adam Stump, esta es la primera vez que el arma fue utilizada en combate. La última vez que fue probada fue en 2003, cuando una inmensa tuve en forma de hongo se pudo ver a 32 kilómetros de distancia.

Siria… ¿y ahora Afganistán? Muy distinto

El ataque llega también a una semana desde que Donald Trump autorizara el lanzamiento de 53 misiles Tomahawk en contra de la base aérea de Shayfat, en Siria. No obstante, las consecuencias políticas serán distintas:

1) Aunque Estados Unidos ya tenía presencia beligerante en Siria, nunca -hasta el jueves pasado- había atacado directamente las bases del gobierno de Bashar Al- Assad. Por lo mismo, fue prácticamente una declaración de guerra -algo que no había sucedido antes. El ataque directo contra el régimen sirio implicó toda una serie de consecuencias políticas para la administración de Donald Trump – incluyendo una amenaza en conjunto por parte de Irán y Rusia. En este caso, el blanco del ataque fue el Estado Islámico, al que se oponen (al menos oficialmente) todos los países que pudieran entrar en conflicto con Estados Unidos. Aunque Afganistán y Rusia son enemigos, el Kremlin difícilmente mostrará «desacuerdo» por una acción llevada a cabo para derrotar al EI.

2) El ataque a las posiciones de ISIS (y la presencia de tropas estadunidenses en su territorio) son apoyadas por el gobierno Afgano. A mediados de 2016, el entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó que la situación de seguridad en ese país era “precaria y peligrosa”, por lo que las fuerzas armadas de Washington seguirían entrenando y capacitando a soldados afganos hasta reducir las amenazas de los grupos extremistas.

3) Este ataque bien pudiera ser uno de los últimos necesarios antes de que las tropas de Estados Unidos abandonen Afganistán. Apenas el pasado 11 de abril, el embajador de Afganistán en Estados Unidos, Hamdullah Mohib, dijo en entrevista con USA Today que los actuales avances de ambos ejércitos en contra del extremismo islámico podrían llevar a que el ejército de la Casa Blanca abandone el país para el 2020.

No obstante, no deja de ser preocupante la forma en la que está incrementando la beligerancia en todo el mundo. El ataque de Trump a ISIS-K llega en un momento de tensiones a nivel internacional. Principalmente, los desacuerdos entre Washington y Moscú ante Siria y la estadía de Bashar Al-Assad en el poder y el desarrollo del programa nuclear de Corea del Norte y la amenaza de China a Estados Unidos para que no atacara Pyongyang.

 

Con información de BBC Mundo, New York Times.