Enclavado en la sierra está en Zacatlán de las Manzanas; visitarlo será como tener un paseo entre las nubes.

La neblina densa baja lentamente para cubrir los cerros que rodean a este encantador pueblo; distinguirás el particular brillo del mural con inspiración prehispánica que se encuentra justo atrás del puente de cristal que se eleva sobre la barranca de los Jilgueros; con cada paso sentirás la inmensidad que acompaña al valle; cuando veas sus majestuosas piedras te harán desconfiar de las leyes de gravedad. Podrás caminar por su puente colgante sobre un río y sentir la brisa de la cascada.

A diferencia de otras, la Plaza de Armas de Zacatlán gira en torno de un agigantado reloj cubierto de flores. Instalado en 1986 por Relojes Centenario, sus dos carátulas se accionan de manera simultánea movidas por un mecanismo central.

Si se camina hacia el sur cruzando el Parque Juárez, se llega a la Parroquia de San Pedro y San Pablo, un edificio de mediados del siglo xvii que ostenta orgulloso su fachada de cantera gris.

En su interior neoclásico puede verse a Cristo presidiendo un altar blanco laminado en oro, y a sus costados se hallan, por supuesto, San Pedro y San Pablo. Antes de abandonar la iglesia hay que detenerse en la Capilla de Guadalupe y admirar los cuadros virreinales con leyendas en náhuatl, así como el asombroso techo de madera de cedro.

Fuente: México Desconocido