La Secretaría de Salud del estado se une a las acciones del Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos Alimentarios (30 de noviembre), afecciones graves relacionadas con las conductas alimentarias que afectan negativamente la salud, las emociones y la capacidad de desempeñarse en otras áreas de la vida. Son de origen multifactorial, originados por la interacción de causas con origen biológico, psicológico, familiar y sociocultural.

 

Este día internacional pretende visibilizar la importancia de la prevención y detección precoz de estas alteraciones alimentarias y huir de la estigmatización y el exceso de juicios sociales que, de forma frecuente, las rodean. Se identifica bajo el símbolo de un lazo azul.

 

Con frecuencia, los trastornos alimentarios se manifiestan en la adolescencia y los primeros años de la adultez, aunque pueden aparecer a otras edades. Afectan mayormente a mujeres (90-95%) en edades de entre los 12 y los 25 años, siendo más frecuente en la adolescencia.

 

La base y fundamento de dicho trastorno se encuentra en las alteraciones psicológicas; los más conocidos son: anorexia y bulimia nerviosa.

 

La primera, se caracteriza por el peso corporal anormalmente bajo, temor intenso a aumentar de peso y percepción distorsionada del peso. Para controlar el consumo de calorías, las personas que la padecen pueden vomitar después de comer o usar -de modo indebido- laxantes, suplementos dietéticos, diuréticos, enemas, o bien, realizar actividad física en exceso.

 

Por otro lado, la bulimia se caracteriza por ingerir cantidades excesivas de comida que, posteriormente, se eliminan a través del uso de laxantes, enemas, diuréticos, ejercicio compulsivo o con vómitos frecuentes.

 

La ortorexia es otro trastorno de la conducta alimentaria que consiste en la obsesión por la comida sana. El síntoma principal que caracteriza a esta enfermedad es la preocupación excesiva por todo lo que se ingiere, suelen ser tan estrictos que incluso se sienten culpables cuando lo incumplen y se castigan con dietas y ayunos aún más rígidos. Se manifiesta con más frecuencia en personas con comportamientos obsesivos-compulsivos.

 

La vigorexia no es estrictamente un trastorno alimentario, pero tiene en común la preocupación obsesiva por la figura y una distorsión del esquema corporal. El paciente presenta una falta de aceptación y dismorfia corporal, además de un narcisismo, ya que se sienten y ven escuálidas y quieren aumentar su masa muscular en forma continua. Debido a ello, recurren a la ingestión desproporcionada de proteínas, suplementos dietéticos y sustancias anabolizantes.

 

Es importante solicitar ayuda de un profesional de psicología y de medicina en cuanto se presentan los primeros síntomas en alguien cercano a nosotros; ya que los afectados no suelen ser conscientes de su situación, incluso, niegan que padezcan cualquier tipo de trastorno alimenticio.

 

En Servicios de Salud del Estado de Querétaro  (SESEQ) hay unidades de salud que cuentan con psicólogos que ayudan a tratar este tipo de trastornos de la conducta alimentaria, y aquellos casos que presentan difícil control, son referidos al Centro Estatal de Salud Mental (CESAM), donde son atendidos por profesionales de la salud altamente especializados en la materia.

 

Así mismo, en los centros de salud se promueven estilos de vida saludables en la población y se realizan actividades de prevención y promoción del riesgo, a través de ferias de salud o eventos masivos, donde se orienta a la población con relación a las conductas de riesgo.