México y Filipinas comparten una historia en común, así como tradiciones, palabras y costumbres. Esto se debe a que por más de dos siglos estas naciones formaron parte del Imperio Español.

Fue en 1521, fecha en que Hernán Cortés conquistó el actual territorio mexicano para España. Ese mismo año, el conquistador portugués Ferdinand Magellan reclamó las islas Filipinas para la misma corona

En el año 1543 el explorador Ruy López de Villalobos viajó desde el puerto de Barra Navidad en Jalisco, hacia las islas para culminar la conquista. En esa segunda expedición española el archipiélago fue bautizado como Filipinas en honor a Felipe II.

Sin embargo, la conquista plena de las Filipinas se logró bajó el reclamo de Miguel López de Legazpi, quien también fundó la ciudad de Manila en 1571.

A causa de la lejanía entre España y Filipinas, se designó la Capitanía General de Filipinas al virreinato de la Nueva España, iniciando un intercambio administrativo y cultural.

La relación entre México y Filipinas tuvo su mayor expresión a través de la ruta comercial conocida con el galeón de Manila o Nao de China. Dicha ruta de galeones zarpaba del puerto mexicano de Acapulco y terminaba en Filipinas. Allí se forjó tanto la evangelización de Filipinas como intercambios vegetales, lingüísticos y culturales. Con ello la empresa de Colón también alcanzó su objetivo, la de generar un punto de conexión entre oriente y occidente.

El galeón de Manila funcionó hasta 1815, fecha que se interrumpió a causa del proceso independentista en México. Sin embargo, el intercambio no cesó ya que algunos de los insurgentes se exiliaron a Filipinas, donde contribuyeron ideológicamente a la independencia de este país. Tal es el caso de Epigmenio González, padre de la patria en el olvido que volvió a México treinta años después del inicio de la independencia mexicana.

Durante más de dos siglos el galeón permitió el mestizaje entre mexicanos y filipinos, el intercambio de especies y arte, y la gesta de una cultura hermandada.