Por: Lucía DiBella (@LuciadiVerGente)

Se ha hablado por décadas sobre la existencia de una red subterránea de caminos que abarca toda el área metropolitana queretana. Se dice que conecta las principales construcciones de nuestro Centro Histórico entre sí y que desemboca en los límites de la ciudad.

La leyenda que sobrevive hasta nuestro siglo, surge días después del fusilamiento del Emperador Maximiliano de Habsburgo y sus generales Tomás Mejia y Miguel Miramón. Quienes, después del triunfo de la República, fueran condenados en un juicio realizado en el Teatro Iturbide, ahora Teatro de la República y fusilados en el Cerro de las Campanas.

Aunque la información oficial de la cronología de los hechos sobre el juicio y condena de Maximiliano es muy precisa, el rumor sobre un intento de escape ha generado polémica hasta nuestros días, creando dos inquietantes misterios. El primero: ¿Maximiliano intentó escapar o dio un último paseo secreto antes de ser juzgado? y el segundo: ¿En verdad existe este túnel debajo de nosotros?

Para poder comprender mejor debemos irnos a los antecedentes.

Maximiliano se ve obligado a huir de la capital débido a la fragilidad de su imperio ya casi artificial. Después de un par de días, llegaría a la ciudad de Querétaro con 2,000 hombres a los que después se le sumarian las tropas del Coronel Méndez y posteriormente los lanceros de Tomás Mejia y las fuerzas de Miramón. Lo que juntarían a un total de 9,000 hombres en la ciudad. Lo que Maximiliano desconocia era que, las tropas imperialistas estaban sitiadas por 30 mil hombres del Ejército Repúblicano lidereados por el general Mariano Escobedo. A este evento se le conoce como el Sitio de Querétaro.

Días antes del juicio, Maximiliano pide a su compadre el General Miguel López que se entreviste en su lugar, con el General Escobedo para solicitar seguridad y una salida decorosa de su persona a cambio de no derramar más sangre mexicana. De no ser esto pactado, el Emperador a cambio, destruiría el Sitio ocasionando la muerte de muchos hombres del Ejército Repúblicano. Propuesta ingénua por que los Republicanos superaban por mucho en número a las tropas Imperiales.

Unos 20 años después del fin del Sitio y fusilamiento de Maximiliano, el general Mariano Escobedo enviaría una carta al presidente de la República, en la que relata que, efectivamente, habia tenido una entrevista con Miguel Lopéz y que había rechazado la primer propuesta de Maximiliano. Y narra que ante la propuesta del Emperador de entregar el panteón del convento de la Cruz retirando la tropa en la que él se encontraba y entregandose voluntariamente, después de serciorarse de que no fuera una treta, decidió tomar el cuartel instalado en el convento de la Cruz a las 2 de la madrugada del 15 de mayo de 1867.

Los generales Rocha y Régules se encontraban en la Cuesta China, en Hércules al inicio de los Arcos y tenía otra tropa en San Francisquito, lo que agilizó la maniobra. Lo acordado con el Emperador era que al momento de ser tomado el convento, él saldría y se entregaría para convertirse en preso de guerra sin oponer resistencia justo a las 6 de la mañana de ese día. Pero al tomar el convento, 4 horas antes de la hora pactada, el general Escobedo descubrió que Maximiliano no estaba ahí. Habia huido. Sin embargo, a las 6 de la mañana de aquel día, Maximiliano llegó tranquilamente al Cerro de las Campanas y se entregó al general Corona, rindiendo su espada. Se dice que el Emperador incluso pasó a saludar a algunas personas o amigos antes de entregarse en este lapso de 4 horas. Lo que comenzó la sospecha de la existencia de un túnel que comenzaba en el Convento de la Crúz y desembocaba en el Cerro de las Campanas. Ahí nació la leyenda.

Años después, y alentadas por varios testimonios, se iniciaron las investigaciones pertinentes y se descubrió que, efectivamente, existen pasajes secretos en diferentes puntos del centro de esta ciudad. El primero de ellos, localizado en el punto más alto del cerro del Sangremal. Punto geográfico que marca el inicio de la fundación de la ciudad y también lugar de asentamientos religiosos franciscanos que con el tiempo se convertiría en el convento de la Santa Cruz. Aquí se crea la realidad, por que existen tres túneles, el primero que por un patio conducía al osario que se encuentra debajo del presbiterio. Amplio lugar bajo una boveda que ha soportado el peso de la construcción con el paso de los años.

El Segundo túnel es ahora parte de la escuela y ha sido clausurado por precaución de los estudiantes. Y el tercero se reporta saliendo de un lado del osario atravesando por debajo de la calle de Independencia y fue encontrado en una casa ubicada en la parte posterior de la capilla del Calvarito. Los tres han sido clausurados.

El Tercer lugar donde se ha hallado la continuación del túnel es en el convento Grande de San Francisco. Pasando por una angosta puerta y desendiendo 3 niveles se llega a las criptas, ubicadas por debajo del andador 5 de mayo, en estas criptas existe un exceso a un segundo nivel por medio de unas escaleras que llevan al vacío. Se sabe de la existencia de un croquis que ilustra un túnel que va del convento de San Francisco a la casa de Don Cayetano Rubio, hoy la Casona de los Cinco Patios.

Además de los lugares públicos en los que se sabe que hay accesos al túnel, también existen testimonios de personas que en sus casas, colindantes a estas construcciones, han tenido hallazgos similares. Por nombrar algunos está en caso de la doña Manola Carriles de Vega (q.e.p.d) Después de un malentendido con una vecina ocasionado por lo que parecía ser una fuga de agua, doña Manola se vio obligada a contratar un plomero y así descubriría la boveda que se encontraba escondida en su casa de la calle 5 de mayo. Doña Manola la describe como “una boveda preciosa, con ladrillos muy bien alineados.”

Otro testimonio es el de la señora Elena Martínez, viuda de Cevallos. Ante la escacez de agua en la ciudad, la señora Emma Cevallos hija de la difunta Elena, comenzó la construcción de un aljibe cerca de la escalera de servicio y al excavar descubrió una gran puerta y un túnel de más de 3 metros de alto. Guardó el secreto hasta casi el día de su muerte. Estos datos concuerdan con otra historia sucedida a parte pero de suma importancia. El señor Juan Camacho Espinosa, paso 4 años de su vida explorando el tunel encontrado en el local que rentaba de la calle Guillermo Prieto. El señor Camacho documentó su exploración y los hallazgos que hizo en el tunel, incluido el esqueleto de un soldado y sus armas, pero sobre todo la ubicación exacta de la entrada a este lugar. En este testimonio, el señor Camacho, habla también de una gran puerta, la misma que encontró la señora Cevallos, solo que por el otro lado.

Juan Luis Dupont Pineda, es otro testigo de la existencia de estos túneles. Ha dedicado parte de su vida a explorarlos. Un día llegó un arquitecto a su casa con la misma inquietud que el por el tema y explorando el terreno descubrieron una bóveda de contrucción subterranea que llevaba a un túnel de 1.40 m de alto por 1.20 de ancho, con la característica de que cada 20 metros el espacio se amplia para poder pararse de manera erguida.

Este túnel está en parte restaurado y desasolzvado y logra pasar con rumbo al poniente, por debajo de la Casa Mota, extendiéndose hasta la esquina de Madero y Guerrero. Un recorrido de casi 70 metros por debajo de la Casa Mota y casi llegando al edificio de la delegación Centro Histórico, antes Presidencia Municipal de Querétaro, donde se encuentra clausurado con una barda de ladrillo. Como estos, existen muchos más testimonios de primera mano.

Pero ¿Qué explicación damos a la existencia de estos túneles? En siglos pasados, las principales fuentes de agua brotaban de La Cañada, y la Gran Cienega que existía en ese lugar. Las aguas de una de ellas posteriormente conocida como el Socavón, se encausaban en el Río Blanco ahora Río Querétaro y en su trayecto más adelante se agregaban las aguas de manantial del Patehé. A la altura de la presa San Isidro, el río se dividia en dos y su rama secundaria recorría en forma diagonal con rumbo a lo que ahora es la Alameda, lugar de donde se partía una nueva subdivision, la que causaría mayor interés por la manera en que se trabajó para cubrirla y encausarla por un amplio túnel que fue contruyendose con el paso del tiempo con el propósito de poder construir sobre él aprovechando el terreno y a la vez transportando el agua. Este sistema fue lo que surtió muchos años de agua a Querétaro antes de la construcción del Acueducto. Fue esta última construcción lo que logro reencausar las aguas de La Cañada y causó que el sistema pasado se volviera obsoleto y se convirtiera en un túnel olvidado.

Muchos de sus accesos han sido bloqueados y sepultados por los actuales dueños. Tal vez, con el afán de remodelar o incluso de simplemente olvidar. Pero una de las maravillas del humano es que aún conserva la curiosidad y el deseo de perpetuar la memoria del lugar en el que está parado. Por todos aquellos que adoran descubrir y proteger el pasado es que hoy podemos decir que el túnel de Querétaro existe de manera parcial bajo nosotros, formando parte de la historia y los cimientos de la ciudad legendaria que hemos construido, por la que hoy caminamos, la que disfrutamos y la que amamos.

Agradecemos al Dr. en Sociólogia, Augusto de la Isla Estrada, director del Archivo Histórico de la ciudad de Querétaro por su ayuda y amabilidad. Bibliografía: Jaime Zúñiga Burgos. El legendario Túnel de Querétaro. México, 2009.