Los Arcos, producto de una historia de amor

Si no creías en las historias románticas, la ciudad de Querétaro atestiguó uno de los acontecimientos que nos demuestra que el amor lo puede todo.

El símbolo y orgullo queretano, El Acueducto, es considerado la obra urbana más importante del siglo XVIII que se construyó con la finalidad de canalizar agua para el pueblo.

Esta gran obra de ingeniería hidráulica fue creada por Juan Antonio de Urrutia y Arana quien a su vez tiene una íntima relación con la fundación del convento de Capuchinas , pues con la llegada de una de las monjas  fundadoras llamada Sor Marcela, comienza la historia de amor.

Sor Marcela, sobrina de Paula Guerrero Dávila esposa del Marqués, era una hermosa dama, de una familia acomodada y capaz de inspirar un gran sentimiento de ayuda al prójimo, pero además formaba parte de la orden de las hermanas Capuchinas.

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Cuenta la leyenda que cuando el Marqués vio por primera vez a Sor Marcela el amor entre ambos surgió de inmediato. Pero debido a la situación tan delicada, primero porque Sor Marcela era monja y segundo porque era sobrina de su esposa, nunca hubieran podido hacer realidad su amor. Debido a esto, decidieron hacer un convenio de amor: Ella le ofreció su amor basado en el entendimiento mutuo, pero sobre todo pureza, pidiendo a cambio que construyera un acueducto que llevara agua hasta el convento de las Capuchinas.

La historia que se encuentra detrás de uno de los acueductos más importantes del mundo tiene sólo una razón ser: El amor entre un Vasco enamorado y una monja.

En el año 1733 llegó por fin el agua a la población y dos años más tarde, a la caja de agua en la plazuela de la cruz donde había que distribuirse a numerosas fuentes públicas en distintos rumbos de la ciudad.

El enamoramiento del Marqués nos ha dejado a los queretanos uno de los símbolos patrios más importantes del país.

¡Qué viva el amor!