Leyenda: Las Dos Comadres

Leyenda: Las Dos Comadres
Leyenda: Las Dos Comadres

Causa asombro saber que en este lugar hasta las piedras tienen historia. Las dos rocas que ostentan la forma de batracios y que, según  se dice, dieron en legua tarasca el nombre a nuestra ciudad: Quanaxhuato, que quiere decir “Lugar de Ranas”, se hallan allá en el barrio de Paxtitilan, palabra que degeneró en Pastita, como todos lo conocen actualmente.

El peñón de la Bufa, como el cerro característico de Guanajuato, señala su situación geográfica a grandes distancias, cuya belleza es mudable de forma y color, según el ángulo y la hora en que se le observe.

Cerca de allí se encuentra la cueva de San Ignacio, tradicionalmente festejada el 31 de julio con la más típica romería de nuestro pueblo, única fiesta en que espontáneamente se confunden todos sus habitantes compartiendo el vino, el pan y la sal en la más franca y cordial camaradería.

Existen otras dos peñas más que se encuentran en esa misma sucesión de cerros, a la izquierda de la Bufa: Las Dos Comadres.

Estamos hablando de dos rocas, preciosas que hacen que se parezca que  están muy cerca pero en realidad se encuentran a varios metros de distancia.

Cuenta la leyenda que dos viejas comadres vivieron en una de las primeras vecindades que hubo en la Real Ciudad de Guanajuato, disputándose el amor de un “Don Juan”de barriada, pero que en ellas había causado grandes estragos sentimentales.

Como las comadres, según advierten los cánones religiosos, no deben reñir por que desde ese momento se entienden con el mismo demonio, como justo castigo tal desacato fueron transformadas en dos pequeñas piedras en actitud de seguirse murmurando al oído los acostumbrados y diarios chismorreos que hacían de las demás mujeres, jóvenes o viejas, casadas o solteras, honradas o frívolas y hasta aseguran los viajeros que se acercan a este sitio,que el murmullo de sus voces se multiplica en el eco de las vecinas montañas, de modo que es fácil escucharlos lo mismo en la Bufa que en el cerro de la Sirena.

Especialmente cuando el viento sopla en esa dirección.

Basta escalar el cerro ya mencionado , para oír la conversación , algunas veces calmada, otras irascible, de las dos mujeres convertidas en piedra como penitencia a su murmuración.