La historia de Doña Tencha es una no muy conocida en Querétaro. Sin embargo, ha salido a relucir en los últimos años debido a la popularidad que han obtenido los recorridos de leyendas entre los turistas que cada fin de semana visitan Querétaro.

Con todo y las obscuras historias que aún viven en las adoquinadas calles del centro de Querétaro, la de Doña Tencha sale a relucir por lo inexplicable y macabro de su naturaleza. Más aún, por el desconcertante hecho de que algo tan desgarrador le hubiera pasado a una persona tan buena como lo era ella.

Acaudalada mujer, vivió por allá de inicios del siglo XIX en una de las casas más vistosas del centro de la ciudad: La que se encuentra en la esquina de las actuales calles de 5 de Mayo y Pasteur, actualmente la Secretaría de Turismo.

Sin embargo, a pesar de sus arcas llenas de oro, Doña Tencha no pudo desposar a nadie, pues había nacido con la condición de no poder caminar, por lo que se transportaba en una rústica silla de ruedas.

Eso no causaba que no fuera amable. Doña Tencha era famosa en el Querétaro de aquel entonces por ser bondadosa con sus familiares y múltiples amigos. Todos le querían, a pesar de su condición. No obstante, aunque nunca dejó de ser cariñosa, tampoco logró vencer la soledad que le causaba la ausencia de pareja. Poco a poco, conforme los años fueron pintando arrugas en su rostro, Tencha comenzó a suplantar el amor con mascotas. Específicamente, con gatitos que rescataba de la calle. Su amor por ellos creció día con día, hasta el punto de que su casa estaba llena de mininos a quienes cuidaba con amor.

Su gran corazón le llevó a un trágico final, curiosas formas que tiene Dios de jugar con el destino.  Un sábado por la tarde, ya que estaba en edad avanzada, Doña Tencha cayó de su silla de ruedas mientras se encontraba sola en su casa. Intentaba levantarse sin éxito, y las robustas paredes impedían que los vecinos oyeran los gritos de auxilio.

Pasaron los días sin que nadie supiera de Doña Tencha. No fue hasta dos semanas después, que los vecinos, alarmados, dieron parte a las autoridades, ya que al tocar la puerta no había respuesta. Al entrar en la casa, se encontraron con el cadáver de la mujer completamente magullado, con trozos de piel faltantes y sangre regada por el piso. Una rápida mirada a los hocicos de los felinos acompañantes de Tencha revelaron los horribles hechos: se la habían comido.

Tras el funeral de Techa, lleno de amigos y vecinos a quienes abatía la culpa por no preocuparse antes, la historia comenzó a contarse hasta nuestros días. Sin embargo, se ha añadido a la historia que ya muy tarde, al filo del alba, se escuchan en la casona desesperados maullidos y gritos, presumiéndose que se trata de un recordatorio perpetuo de que nunca recibió auxilio alguno.