La leyenda de la llorona

Una de las leyendas más contada de generación a generación es La Llorona. Su historia se ha extendido al resto de América Latina, debido a la historia que tiene.

Tal como lo señala El Grafico hay quienes afirman que era la antigua diosa azteca Cihuacóatl, otra versión indica que pudo haber sido la célebre Malinche y  otros narradores manifiestan que fue una mujer de gran belleza que existió durante la colonia.

El mito de “La Llorona” destaca su pena, ya que busca a un hijo recién nacido que asesinó arrojándolo al río para ocultar un pecado.

Se la llama ‘La Llorona’ porque sus gemidos son tan insistentes que hasta enloquece a los perros, mientras deambula por las noches.

El antecedente más conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raíces en la mitología Azteca. Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl, protectora de la raza.

Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.

“Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?”, se lamentaba.

Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.

Cuando murió Doña Marina, mejor conocida como la “Malinche” (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era La Llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.

Otra versión surgió en la época “colonial”, que cuenta la historia de una hermosa y joven mujer que, rechazada por el hombre que amaba, ahogó a sus hijos y luego se suicidó. Al llegar a las puertas del cielo, Dios le preguntó por sus criaturas y ella contestó: “No lo sé, mi Señor”, así que fue enviada de regreso para que los buscara.