El Portal de Valderramos o Valderrama.

Por:  Ubaldo Neftalí Sáenz Bárcenas

El Portal de Valderrama es notable, además de lo antes dicho, porque de este lugar tomó, sin permiso, un caballo Ignacio Pérez, para llevar el mensaje de doña Josefa Ortíz de Domínguez a don Ignacio Allende y avisarle que la conspiración había sido descubierta. También en ese portal se tomó la fotografía del coche de sitio en que fue conducido el Emperador Maximiliano al patíbulo en el Cerro de las Campanas.

Pero también en ese sitio nació una de las leyendas más dramáticas que se hayan escrito en Querétaro: “El Sereno sin Cabeza”, leyenda que nos heredó el Lic. J. Guadalupe Ramírez Álvarez, primer cronista oficial del Estado.
De los enfrentamientos de una banda del río contra la otra fue testigo mudo el Portal de Valderramos, llamada así por llevar su primitivo dueño tal apellido. Este portal pertenece a un edificio viejísimo, seguramente de los pocos que nos quedan del siglo XVI. Esta fue la sede de las primeras Casas Consistoriales.

Narra el Cronista que el Puente Colorado era como un puente internacional, ubicado en la frontera del barrio de San Sebastián, donde los aguerridos vecinos, conocidos como los encuerados, desde la banda norte del Río Servín, al abrigo de las arboledas y de las tapias de las huertas, impedían a los de la banda sur la entrada a su barrio. Cuando los encuerados se adentraban a los barrios de la ciudad, provocaban, en ellos, luchas campales feroces.

Por su parte cuando los grupos de cantareros de Santa Rosa, conocidos como los ombligos de lodo, los panzas verdes de Santa Ana, los brujos de San Francisquito y los cuchilleros de La Cruz trataban de vengar tales afrentas eran rechazados por los encuerados con brutalidad inaudita. Siempre o casi siempre la victoria era de los de la Otra Banda que acababan correteando a los atacantes, primero por el singular Puente Colorado y después por la calle de Silva, así llamada la última calle de Pasteur Norte, en el Portal de Valderrama unos tronchaban hacía la calle de Juan Largo para continuar por El Carrizal y llegar a salvo a su barrio, el de Santa Ana. Otros quebraban hacia la calle de Lepe para subir a La Cruz y los más seguían de frente por la calle del Chirimoyo para buscar el refugio de la Plaza de Arriba (Plaza de Armas).

El ayuntamiento para evitar tan sangrientos enfrentamientos resolvió iluminar más el lugar y nombrar a un sereno encargado de la tranquilidad y del encendido de los faroles. Las contiendas cesaron por algunos días, quizás semanas, pero una noche se armó una inigualable campaña. El solitario sereno, haciendo gala de una inusitada valentía trató de poner orden, pero un alocado encuerado lo agredió con un machete, con tal furia que lo decapitó ahí mismo, a mitad del puente. Ante tal hecho los rijosos se retiraron espantados a sus guaridas.

Nunca se supo quien fue el asesino. Por algún tiempo cesaron las agresiones, hasta que una noche llegaron los de esta banda al Puente Colorado y se armó nuevamente la de Dios Padre y en lo más álgido del enfrentamiento apareció de pronto, en mitad del puente, el sereno sin cabeza portando un farol encendido en la sinistra y empuñando un garrote en la diestra.

Los rijosos, al ver al sereno, se horrorizaron tanto que, dando gritos de pavor huyeron tambaleantes por todos los rumbos. Algunos del susto cayeron a unos pasos y los más enfermaron luego.

Ahora El Portal, El Puente Colorado y el Barrio de San Sebastián componen una zona tranquila, su paisaje urbano, por ser tan seductor, ha servido como tema para pintores y fotógrafos. Numerosas postales, acuarelas, dibujos a tinta china y oleos nos muestran la lindeza del lugar. Pero lo más importante es que ha conservado su aspecto original para solaz de todos.

Se ubica en la esquina de Pasteur con 15 de Mayo.

 

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