El Meco, la cascada imperdible de la huasteca potosina

En San Luis Potosí se encuentra un lugar que no hubiéramos podido imaginar ni en nuestros más profundos sueños. Se trata de El Naranjo, un paraje que te acerca a la naturaleza, pero que sobre todo, te encuentra contigo mismo.

Como en todo buen viaje, la aventura comienza en el camino mientras transitas por una carretera que parece llevarte en medio de un mar de cañaverales. Y es que esta zona es un importante productor de caña de azúcar, por lo que es muy común encontrarte con las famosas “greñudas”, unos camiones que avanzan lentamente cargando inmensas cantidades de juncos de este fruto.

Para cuando te des cuenta estarás llegando a la pequeña comunidad de El Meco la cual se encuentra escondida entre montañas y una exuberante vegetación.

Por más que lo intentes no podrás ocultar la cara de sorpresa cuando admires por primera vez la Cascada de El Meco, algunos se quedan con la boca abierta, pero la mayoría se queda paralizado ante la fuerza y belleza de esta caída de agua.

Es una de las más encantadoras cascadas de México, el cauce del río que la forma se mueve lentamente hasta llegar al desfiladero, en donde las piedras de la orilla le dan la despedida.

Dicen que en la época de lluvias el estruendo que provoca se alcanza a escuchar a más de un kilómetro a la redonda. ¿Y cómo no oírlo? Su caída de 60 metros de altura estimula todos los sentidos.

Si eres de los que les gusta la aventura, puedes practicar algunos deportes como rafting por las partes menos agitadas del río.

En la parte inferior de la cascada, justo donde el cauce se  vuelve apacible, se pueden percibir mejor los reflejos de la corriente: su color turquesa tapiza la superficie por varios cientos de metros hasta perderse en el horizonte.

Esta es la mejor zona para refrescarse  entre sus cálidas aguas que parecieran haber sido pintadas con acuarelas. Si te sientes más seguro puedes acudir al área conocida como ”La Playita” un acceso público que cuenta con servicios de baño y vestidores.