¿De dónde salía el agua de los Arcos?

¿De dónde salía el agua de los Arcos?

Todos hemos admirado en Querétaro los hermosos Arcos, un monumento que ha representado nuestro estado desde cientos de años atrás, cuando Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Águila mandó a construirlo para abastecer de agua lo que en aquel entonces era un muy pequeño pueblo, Querétaro.

¿Pero cómo llegaba el agua hasta el acueducto?

El canal acuífero tuvo su origen en la ahora conocida como Alberca del Capulín, una pequeña represa ubicada en la población de la Cañada, cabecera de municipio del Marqués.

Es un monumento histórico y el parque a sus alrededores es disfrutado por la población local sobre todo durante los fines de semana.

El 26 de diciembre de 1726, Don Juan Antonio de Urrutia y Arana, Marqués de la Villa del Villar del Aguila, inició trabajos de construcción en esta alberca del pueblo de La Cañada para almacenar el agua de los manantiales que emanan dentro de su extensión.

En seguida, el torrente corría hacia la ciudad capital de nuestro estado para el uso doméstico de primera necesidad, pasando en su trayecto por el magno acueducto de Querétaro que para esto se construyó.

Cierto día, llegó un comunicado al Marqués con la inquietud de contar con agua cristalina y limpia para el consumo personal, ya que los manantiales y pozos en los alrededores resultaban mal sanos y se les atribuían riesgos antihigiénicos. Inmediatamente procedió a satisfacer la petición buscando el abastecimiento acuífero digno de la ciudad central, por lo que se encontró y utilizó finalmente en la Cañada el llamado “Ojo de Agua del Capulin” llameo así, debido a un árbol de esta fruta que crecía en su orilla.

Al principio, el caudal de agua que despedía no era abundante, sin embargo, gracias a las obras de excavación que emprendió el Marqués, se aumentó la corriente a cuatro mil “pajas”, siendo más o menos treinta litros por segundo.

El mismo visitaba y supervisaba los adelantos de la obra dos veces al día, uniéndose también a los trabajos en mano de obra necesarios.

Siendo el día 15 de octubre de 1735, la alberca de “El Capulín” se concluyó, llevando su torrente cristalino a la caja de agua en el Barrio de la Cruz, que se encuentra hasta la fecha en la ciudad capital de nuestro Estado.

Finalmente, la obra se dio por terminada el 17 de octubre de 1738, llegando las aguas de “El Capulín” hasta los rincones más alejados del complejo acuífero y teniendo un costo aproximado de $125.000 pesos, de los cuales el Marqués de la Villa del Villar del Águila, llamado también “el benefactor de Querétaro”, donó de su bolsillo más de 88000 mil pesos.

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