Crónicas del Taxi: El Fantasma de San Pedro Mártir

En esta ocasión iba a Juriquilla. El carro -que había pedido por teléfono a mi casa, su casa, en Jurica- iba manejado por un señor de unos 50 o 60 años, aproximadamente. No pude saber con exactitud porque la profundidad de su mirada, sumado a las arrugas de su rostro, hacían imposible determinar si su edad era avanzada, o simplemente había tenido una vida marcada por el imborrable rastro de la experiencia.

-No, joven- me contestó, después de que le pedí permiso de fumar en su impecable automóvil.
Resignado, guardé mi cajetilla de cigarros y me dispuse a platicar con él, como acostumbro (y como acostumbran ellos).

La pregunta obligada, como siempre, era: “¿Qué ha sido lo más extraño o fuerte que le ha pasado mientras trabaja en el taxi?”. Aunque por lo general -y es el propósito de este espacio- espero una respuesta ligada a la inseguridad, en esta ocasión la conversación tomó un giro un tanto esotérico.

-Aunque usted no lo crea muchacho- comenzó- nunca me han asaltado en los 25 años que llevo siendo taxista nocturno. Pero claro que sí me han pasado cosas raras. No soy supersticioso, pero una vez se me apareció un espíritu ahí en San Pedro Mártir, frente al panteón, ahí sobre la calle Hidalgo antes de que estuviera pavimentada. Era pura pura terracería”.

Mi interlocutor continuó su relato, explicando que era muy pasada la media noche, alrededor de cinco años atrás, cuando circulaba por el solitario pasaje, con el panteón en una penumbra que no podríamos creer posible dentro de la ciudad.

-… Ahí andaba, manejando, y derrepente ¡sopes! llegó un chorro de aire y levantó mucho polvo, casi no podía ver. Lo curioso es que tomó la forma de una mujer. Y yo me quedé así de “¡ajijo!” y seguí avanzando, pero ella se iba moviendo enfrente de mí. Y ya para cuando llegué a la orilla del panteón, zas. Se cayó todo el polvo y ya como sí nada.

Al terminar su relato, el ya espantado conductor me siguió contando que desde entonces ha pasado muchas veces por ahí, pero ya no le han sucedido cosas similares. Aunque el miedo no anda en burro, sí anda en taxi, ya que después del tenebroso episodio, siempre va a esa zona de la ciudad con miedo.

-Y otros compañeros me han dicho que también les han pasado cosas medio raras cuando andan por ahí, pero no da tanto miedo como entrar a Menchaca III -finalizó cuando llegábamos a nuestro destino y me cobraba la enorme tarifa de 80 pesos.

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Foto: Am.